domingo 13 de agosto de 2017 - 12:01 AM

Con esta columna de opinión me despido

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En el mundo periodístico existen dos tendencias, una considera inapropiado que los columnistas de opinión continúen con su espacio después de entrar a una campaña electoral como candidatos y al contrario, otros valoran mucho más la continuación de esas publicaciones.

El “Manual de Redacción de El Tiempo” (Editorial Intermedio, año 2017, página 27) establece: “los colaboradores que tengan una columna de opinión o un blog y estén optando por un cargo de elección popular deben renunciar a este espacio”. Vanguardia Liberal comparte el principio, con todo el derecho para poner orden a sus publicaciones. Por tanto, me despido de aquí para continuar como candidato al Senado por el Movimiento Dignidad Santandereana con el aval del Polo. Me voy agradecido, manifestando públicamente admiración por los editoriales y por la amplitud democrática de auténtica estirpe liberal que caracterizan a Vanguardia. Algunas personas se preguntarán: ¿qué tiene de malo que un candidato siga escribiendo sus columnas de opinión? Es malo cuando el columnista abusivamente remplaza lo que se caracteriza como opinión por la burda propaganda a su campaña y por eso, terminan pagando justos por pecadores. Para llenar el vacío que crea la norma, convendría desarrollar alternativas orientadas a publicar cuadros comparativos con el pensamiento y las propuestas de los candidatos y luego con los resultados de su desempeño, que hoy poco o nada se conocen.

Confieso que tenía en construcción varias columnas para Vanguardia. A partir de la fecha podrán leerlas en el FanPage, Twitter o por WhatsApp, donde siempre estaré receptivo al conocimiento que ustedes me puedan transmitir, a sugerencias o críticas en un proceso de retroalimentación fraternal y permanente, que nos mantenga conectados.

Voy al Senado a trabajar por el bien de todos los colombianos, pero especialmente de los santandereanos huérfanos de líderes honestos que los representen a nivel nacional en la elaboración de las leyes, el control político y las decisiones orientadas a dar soporte al desarrollo equitativo, incluyendo a quienes piensan que todos los políticos son iguales y con su indiferencia terminan ayudando a elegir a sus verdugos.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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