domingo 21 de mayo de 2017 - 12:01 AM

Después de tanto engaño, el país empieza a descubrir la verdad

Desde los tiempos de la negociación, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos fue presentado a la opinión pública como un plan de apertura económica que promovería el desarrollo industrial y agropecuario para que Colombia pudiera triplicar sus exportaciones e importar tecnología. Resultó lo contrario, al cumplir 5 años, el balance de resultados demuestra que ha sido el peor negocio de la historia. Las exportaciones a EU disminuyeron de U$ 21.833 millones/año a U$ 10.023. La balanza comercial de Colombia perdió $2 billones en estos últimos años. Antes del TLC teníamos superávit de U$8.244 millones, hoy tenemos déficit de U$1.414 millones que representan una caída del 117% (Fuente: Cedetrabajo).

El TLC convirtió al país en exportador de materias primas y en importador de casi todo lo que producían pequeños, medianos y grandes empresarios nacionales de la ciudad y el campo con mano de obra local. Según la Dian, la importación de cereales, especialmente arroz y maíz creció un 280%, las carnes el 187% y leche, quesos, huevos y fármacos el 292.9%. Las cifras son alarmantes.

Como consecuencia, cada día son más débiles la industria, la manufactura, la producción agropecuaria y han disminuido en 1.5 millones los empleos por contrato laboral. El 68% del trabajo se convirtió en informal o de rebusque sin ninguna clase de protección social (Fuente: Dane). Para agravar el cuadro, la educación y el arte fueron incorporados al TLC como mercancías sujetas al del libre mercado, sin considerar su valor espiritual y social. Mientras Donald Trump considera necesario renegociar o suspender los Tratados que le quitan empleos y capacidad productiva a los Estados Unidos, el presidente Santos y los Ministros de Hacienda y Comercio, con el más deplorable servilismo, exaltan bondades inexistentes en los TLC y niegan la necesidad de cambios, motivo por el cual la tarea de establecer condiciones justas a los negocios internacionales del país debe convertirse en una causa popular, incluyendo a quienes al principio cayeron en la trampa y ahora vienen descubriendo la verdad.

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