Publicado por: Libardo León Guarín
La muerte de Chávez y la elección del Papa no tienen la repercusión “mundial” atribuída por periodistas que confunden el mundo con la parroquia; ninguno de los dos sucesos llega, y menos los trasnocha, a la generalidad de los chinos, indios, japoneses, rusos, gringos, africanos, árabes y siga enumerando. Pero por su cercanía emotiva, entre nosotros producen el efecto de enviar a la trastienda temas y problemas mucho más importantes. Dejemos atrás los asuntos venezolanos, que para muchos colombianos parecieran importarles antes que los propios, viendo solo la paja en el ojo ajeno, a tal punto que si la elección del presidente venezolano fuese aquí, ganaría Capriles, si observamos el crecimiento y la exacerbación peligrosa de una ultra derecha fanática y excluyente.
Sobre asuntos pendientes en la iglesia católica, ya Vanguardia Liberal publicó un interesante resumen editorial, que se espera los afronte la nueva curia romana, si es que se renueva con Papa conservador y burocracia tan atornillada, que el saliente claudicó denunciando la hipocresía y los intereses que allí se mueven. Resultó cierto lo dicho aquí hace ocho días, acerca de los codazos entre el Opus Dei y los Jesuitas a quienes Juan Pablo II había sacado para volver ahora, visto el acontecimiento como fenómeno político, entre fuerzas con poder, y no como problema religioso o de fe que es asunto de cada quien.
Comentaristas que ven a la Iglesia Católica desde esta perspectiva sociológica, insisten en que se trata de una organización, -sin la fe sería una ONG ha dicho el Papa argentino-, de manejo y ritualidad más cerca del absolutismo pasado que del Estado moderno tripartito, sin que alguien tilde al gobierno eclesiástico de dictadura papal; la elección reciente es solo muestra, así a mí personalmente me siga cautivando el barroquismo de sus ceremonias en escenarios esplendorosos únicos.
Las “misiones” para conseguir adeptos ya eran perversas hace 5 siglos en América, por arrancar creencias –idolatrías- para imponer la fe única. Hoy se continúan fomentando cuando la tendencia es a respetar la pluralidad ideológica. Los asilos, colegios, universidades y casas de caridad son el medio, aunque estos centros pueden existir sin que necesariamente haya que sustituir a la gente sus creencias religiosas, que es el fin buscado. Por eso resulta anacrónico hoy santificar monjas misioneras como la Madre Laura, por muy almas milagrosas que sean; motivo de más para que Arismendi ya esté pidiéndole al nuevo Papa que visite Antioquia para esa fecha.










