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Libardo León Guarín
Martes 02 de abril de 2013 - 12:00 AM

La confianza perdida

Publicado por: Libardo León Guarín

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En las comunidades tradicionales los habitantes se conocen cara a cara; la palabra empeñada es garantía e incumplirla es transgredir códigos de honor. Luego vinieron documentos escritos, firmas, sellos, testigos, fiadores, letras, cheques posfechados, huellas, el notario y la autenticación en un largo proceso para asegurar que lo prometido era deuda. Tantos cerrojos sirvieron,
paradójicamente, para que la desconfianza terminara dueña de todo y de todos; hasta allá llegó la sospecha.

Convertido el mercado en árbitro insustituible de la producción, el valor de uso que la hacía apetecible por solucionar necesidades personales cedió ante el valor de cambio, centrado en producir por la ganancia, en hacer crecer este valor mediante la comercialización; si me permiten traer esta consideración teórica del diabólico K. Marx. Desde entonces, uno no sabe si los medicamentos son solo placebos, si su interés se centra en mantener al paciente enfermo, si las comidas nutren y sanan o deforman y agobian, si la tecnología más que un instrumento para facilitar la vida, es un contaminante atroz que terminará matándonos, si las gaseosas son veneno o inocentes calmantes para la sed, si el vehículo abordado está en buen estado o es un peligro público, si lo dicho en el empaque es el mismo producto empacado: lo importante es vender.

Pero el quiebre de la confianza también llegó a las relaciones sociales, al sin saberse quién es quién, quién el vecino, quién anda a mi lado, quién está urdiendo sin que se sepa, si el policía o el inspector que se acercan vienen por la mordida o en plan pedagógico, si el contrato que se hizo con anticipo serán robos sin mano armada, si el celador es compinche o guardián, si la EPS es un centro científico para los afiliados o una Cueva de Rolando, si la educación ya llegó a extremos comerciales nunca imaginados, si desmovilizados son los que son o son los del psiquiatra Restrepo, si Colombia aportó a la teoría jurídica el cohecho de un solo lado, si…. La desconfianza se apoderó de los colombianos, a tal punto que nos tiene caminando por el filo de la navaja.

ADENDA.- Que se sepa los maestros colombianos nunca han pedido, entre tantos reclamos, santa patrona para que se los resuelva. Sus luchas son otras. Sobra entonces que un congresista desocupado esté proponiendo una Ley para que la monja Laura sea nuestra protectora, mausoleo y sitio de peregrinaje incluidos, en el país laico que somos.

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