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Libardo León Guarín
Martes 09 de abril de 2013 - 12:00 AM

Baile de máscaras

Publicado por: Libardo León Guarín

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Así describe el narrador, nacido en Borinquen y miembro de la expedición, el ambiente de traiciones y silencios al final del viaje de Ursúa a Omagua buscando el dorado (1.559-1.561) por el gran río, llamado por los nativos la serpiente sin ojos, poco antes de que fuera muerto diez veces, por diez lanzas de diez amotinados en Machifaro. Más adelante, en Tupinambara, acabarían con Inés de Atienza, hija del creador del acueducto de Trujillo y de una hermana de Atahualpa; esta nueva novela histórica de William Ospina es un libro más de amor que de guerras y viajes, de literatura exquisita y el final de la trilogía anunciada desde “Ursúa” (2.005), seguida de “El país de la canela” (2.008).

Estas novelas sobre los primeros viajes de los europeos al Amazonas, Orellana primero, entre la locura, la ambición y la barbarie, que no andaban buscando “buenos modales ni finuras sino fortaleza y temeridad, brutalidad y sangre fría” (pg.136), están documentadas en el primer volumen de “Las elegías de hombres ilustres de Indias” de Juan de Castellanos a donde remite Ospina al lector y de cuya obra es amplio conocedor según lo demostró en “Las auroras de Sangre” (1.999). En “La serpiente sin ojos” (Mondadori Nov. 2.012) vuelve sobre episodios de la Conquista, ya no desde tierras de los zenúes, chitareros y tayronas, desde Pamplona con perros carniceros, degollados,  azotes y jugadas, sino desde la Ciudad de los Reyes de Lima, en tiempos del virrey Andrés Hurtado de Mendoza y Bobadilla, Marqués de Cañete.

Ospina sigue siendo un poeta como fueron sus comienzos; ahora narra en prosa de tal manera que su lenguaje, sus frases contundentes, elaboradas y sus juicios políticos, llenan al lector del deseo de continuar leyendo, hasta sentir pesadumbre en la última página de la tragedia. Como si fuera poco, entre parte y parte de las 32 en que divide la novela, un poema de sus autoría sobre episodios y circunstancias que el lector debe interpretar como continuación de las páginas anteriores, ya en el nivel de las sublimaciones y la sensibilidad exquisita.

ADENDA.- “Sin entender jamás estos reinos, vinieron a engendrar en su arcilla una humanidad perpleja que no puede creer en Dios pero lo necesita, que no consigue creer en la Ley pero no puede vivir sin invocarla, que no consigue amar el mundo en que nació porque la herencia venía profanada y calumniada, porque el tesoro estaba saturado de maldiciones” W. Ospina, pg.15 

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