Publicado por: Libardo León Guarín
Como desde la Colonia nos enseñan que lo importante no es ser nosotros sino ser los otros, ahora es Chile el modelito imitable, porque de todas maneras el gran espejo será la gran metrópoli. Se olvida que ese país sirvió de campo experimental para América Latina del modelo neoliberal, implantado después en el resto del Continente, al sur del Río Grande; no en vano la dictadura de Pinochet, poco juzgada por su papel en este proceso, sirvió de comodín oportuno quitando del camino la vía socialista que se iniciaba. Probadas, nos exportaron de Chile las hoy cuestionadas contrareformas a la salud, laborales y de pensiones, al ingreso de capitales, al tamaño y papel del Estado y a la educación privatizada, ya convertida en la más costosa de la región, aunque maestros y estudiantes insisten en violentas y sonoras manifestaciones, reclamándola como pública, a cargo del Estado, con caída aparatosa del Mineducación hace pocas semanas. La baja popularidad del Presidente Piñera, a quien ya se le agotó el “rating” de los mineros rescatados, habla del Chile de cerca.
Porque tiene un lejos de país socialmente apacible que nos exportan, parecido al paquete chileno. Cierto que tienen una derecha económicamente fuerte, de capitales menos propios que transnacionales; sectores medios mejor posicionados que aquí donde los desaparecieron y que en comportamientos sociales, ecológicos y urbanos nos dan ejemplo, es posible que por la influencia cultural europea, desde cuando se quiso superar el atraso social acudiendo a la genética importando inmigrantes; pero siguen existiendo las mismas callampas o tugurios anteriores al paraíso neoliberal, su economía está basada en la exportación de materias primas, típico del subdesarrollo (30% del cobre mundial), pobreza del 14% y “posee una de las más altas desigualdades sociales regionales en distribución del ingreso, puesto 141” según señala el colum-nista Jaime Chávez, dentro de los 15 coleros en el mundo.
Imagen interna contradictoria con el lejos de modelo imitable de moda. Y una anécdota final: fui de familia Miranda a uno de esos almacenes de moda, tomé una camisa, nada que ver porque tampoco parecen ser las mejores cadenas chilenas, las que nos han llegado. Para mi sorpresa, consultada la etiqueta, se trataba de una prenda china “tercerizada”: importada a Chile por XX y luego a Colombia por XX.
¿En qué quedamos?










