martes 05 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Alfredo Molano Bravo

Personaje singular hasta en su humor cáustico y en su informalidad personal a toda costa
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Sobre mi escritorio y en remojo, uno de sus últimos libros “A lomo de mula” (129 pgs/2016); entre una veintena de publicaciones mayores –“Selva adentro”, “Aguas Arriba”, “Al trote”, “Los años del tropel”–, sin contar conferencias, cátedras universitarias y colaboraciones en medios como Alternativa, Semana, Economía Colombiana y su infaltable columna dominical en El Espectador. Sociólogo de la quinta promoción de la Universidad Nacional, posgraduado de la Escuela de Altos Estudios de París, Premio Nacional de Periodismo, Premio Nacional en Ciencias Humanas y doctor Honoris Causa de su U.N. Viéndolo después de tantos años, el más brillante de nuestra promoción formada con maestros como Orlando Fals, Ma. Cristina Salazar, Virginia Gutiérrez, Eduardo Umaña, Luis Ratinoff, Luis Briones, Jesús Arango, Ángel Federico Nevia, Andrew Pearse...

No es esta columna lugar habitual para obituarios de amigos y conocidos, que nos van dejando cada vez con mayor frecuencia. Pero los registros académicos e intelectuales del trayecto vital de Alfredo, sus conocimientos sobre el campo rural colombiano, las colonizaciones y el despojo de tierras, sus atributos de investigador social sobre el conflicto que no cesa, sus posiciones críticas de “outsider” del establecimiento, me obligan a hacer una excepción. Personaje singular hasta en su humor cáustico y en su informalidad personal a toda costa, no fue un sociólogo del establecimiento ni reverente con la institucionalidad; al contrario fue figura incómoda, perseguida, señalada: debió asilarse en 2001 en Barcelona y luego en la cátedra universitaria en Stanford University. Convencido que la sociología no es ciencia para decir lo que quieren que diga, ni para organizar campañas caritativas, murió peleando -ha dicho su hijo Alfredo- en la Comisión de Paz, para que los Acuerdos de La Habana no los vuelvan alas de cucaracha y aquí no ha pasado nada. ¡Cuántos Alfredo Molano Bravo nos hacen falta! ¡Cuántos como él, con seriedad profesional en país poco serio, con su capacidad para dialogar sin violencia con adversarios pero sin claudicaciones voluntarias, persiguiendo el país vivible que soñamos!

Adenda.- Michel Mayor, uno de los ganadores del Premio Nobel 2019 en física, por sus investigaciones en astrofísica sobre nuestro cosmos y otros cosmos, dijo que en el universo no hay cabida para Dios. La sociología es menos radical: todos los dioses existen como creaciones culturales de los humanos.

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