martes 14 de enero de 2020 - 12:00 AM

Amigo y maestro

Conocía a Ariel como amigo compañero de trabajo e inquietudes en la agitada vida de la universidad pública.
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Cómo quisiera que nunca jamás esta columna sirviera para registrar la partida definitiva de amigos y maestros que dejaron huella en la cercanía personal, pero ante todo en su trayecto social, intelectual y magisterial. Hablo del profesor pero también maestro Luis Ariel Díaz Osorio, filósofo sin arrogancias, con formación académica en Alemania, Francia e Italia, vinculado a la docencia en la UIS por décadas, cuya vida sin alardes la traigo como ejemplo para una sociedad de oropeles y acumuladores pero vacíos de seso.

Conocía a Ariel como amigo compañero de trabajo e inquietudes en la agitada vida de la universidad pública. De hecho, conjuntamente trabajamos tardes enteras en su acogedora casa en el libro “Historia de una universidad del medio siglo”, publicada con motivo de los 50 años de nuestra Universidad. Bien informado y lector constante, con discrepancias ideológicas en nuestro caso, tenía Ariel la gran capacidad de los sabios: no usar las disonancias para enemistades personales ni ataques rastreros, haciendo gala de una formación cultural de gran ejemplar humano; siempre cálido en el trato y enérgico cuando era necesario. Profundamente cristiano con bases teológicas, pienso que ese convencimiento en sus creencias lo ayudó, y de qué manara, a superar con optimismo siempre presente por todo lado, dificultades que lo persiguieron con saña en su salud, con la muerte temprana de su esposa Patricia Donado y en todo aquello que desvirtúa la idea de los caminos de rosas, al lado de sus hijos Gil Ariel y Juan Pablo .

Retirado de la docencia formal, no quiso abandonar su papel de maestro; continuó con sus conferencias y con una tertulia filosófica todos los miércoles a las 10 a.m. puntualidad alemana acostumbrada-, en la Asociación de Profesionales Pensionados (APP). Discusiones abiertas o sea no dogmáticas, sobre principios e historia de las religiones, hasta temas de actualidad en la doliente vida nacional y mundial. Murió en su ley de intelectual, amigo y maestro. A sus hijos, a su hermano Hugo, familiares y allegados, sentidas condolencias.

Adenda: También se nos fue otro maestro, de manera casi silenciosa, sin que sonaran los clarines y timbales de sus composiciones musicales, amplias y profundas que nos dejó. Recuerdo permanente para el maestro Blas Emilio Atehortúa, huésped de Bucaramanga por varios años. Para Sonia y sus familias nuestra solidaria compañía.

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