martes 26 de abril de 2022 - 12:00 AM

Camino viejo

No olviden que un personaje siniestro, asesor en campañas recientes en Colombia y América Latina, afirmaba que la ética era para los filósofos, justificando que debemos seguir por el camino viejo de las agresiones

¿Cuándo vamos a cambiar rasgos acentuados en nuestra cultura como la de poder tener diferencias de criterio y opinión acerca de asuntos fundamentales o triviales, sin necesidad de agredirnos violentamente? En lugar de acudir a las explicaciones que relacionan este comportamiento social a nebulosas como el paisaje agreste que nos tocó en suerte o a herencias genéticas, digamos que pesa mucho más la falta de formación política de la población en general, entendiendo por política todo lo que tiene que ver con las relaciones sociales alrededor del poder en diferentes niveles: en la familia, con los jefes y compañeros en el trabajo, con los vecinos y en grado superior con el Estado. Pero aquí no suelen pasar del nivel primitivo personal y entonces el ejercicio político se transforma en centrar en personas males y desvaríos, haciéndolas culpables de patologías sociales, venganza incluída hasta agredirlas y eliminarlas si fuere necesario en esta forma de proceder.

Cierto que los males sociales se personifican, pero el mal no está en la sábanas ni el ahogado aguas arriba; hay que buscarlos en el tipo de organización social que los genera para no seguir por el camino viejo de eliminar culpables –que lo pueden ser-creyendo que linchando ladrones o hacinando cárceles todo se arreglará, fabricando miedo y estimulando el voto de rechazo a las personas antes que a programas de gobierno. No se trata tampoco de argumentar la tolerancia ñoña de los idiotas, consistente en estar de acuerdo con todo para que nadie se moleste porque ¡Ay!, qué peligro que nos dividamos los colombianos. Las sociedades con pensamiento único son elucubraciones de místicos.

Menos mal que encuentro en este diario columnistas, rechazando las campañas sucias que se están viendo; si Alexánder Arciniegas abiertamente las denuncia, Jorge Gómez Duarte las rechaza: “Hoy, se ha perdido totalmente en las campañas y los políticos son conscientes que hablar mal del otro, así sea con verdades a medias, mentiras absurdas, tergiversaciones acomodadas e imputaciones sin fundamento, dan buenos resultados electorales y eso es lo que buscan, ganar a cualquier precio, sin importar los valores éticos que se quebrantan”. Pero no olviden que un personaje siniestro, asesor en campañas recientes en Colombia y América Latina, afirmaba que la ética era para los filósofos, justificando que debemos seguir por el camino viejo de las agresiones.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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