martes 11 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Chaplin y el desempleo

la disyuntiva entre tecnología y empleo seguirá sin resolverse, mientras no se aborde más desde la ética que desde el capital.
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Que si aumentan los salarios crece el desempleo dicen los patronos; o que si los bajan –con el trabajo por horas-, la producción demandada de bienes y servicios se afecta. En esa puja tan de fin de año, recordé a Ch. Chaplin (1.889-1.977), inglés de origen y refugiado en su propio país después que el macartismo norteamericano lo persiguiera por medio del “Comité de Actividades Antinorteamericanas” de infeliz memoria, dedicado a señalar a todo aquel que hiciera crítica social, en este caso por medio de la floreciente industria cinematográfica. Fueron 79 películas de su autoría, en muchas de las cuales él era director, actor, autor de libretos, de la banda sonora y de su propia compañía: “La Quimera del Oro” (1.925), “El Gran Dictador” (1.940), “Candilejas” (1952), etc., y entre las menos exitosas “La Condesa de Hong Kong” (1.966), ya en color.

Pero hay relaciones entre Chaplin y el desempleo en su cinematografía autobiográfica; de padres migrantes por la razón fundamental de todos los migrantes (“El Peregrino” 1.923), mocoso de la calle, vagabundo y desempleado (“Vida de Perros” 1.918 y “El Chico” 1.921). Sin embargo, tal vez sea “Tiempos Modernos” (1.936) la más cercana al tema: empleado de una fábrica ve con perplejidad más que con comprensión, cómo el futuro irá hacia la tecnología que desplaza al hombre en el trabajo. Pero ya desde mediados del siglo XIX, comenzado la gran Revolución Industrial, se venía haciendo referencia al tema, incluídos movimientos antimaquinistas violentos, para llegar a lo que tenemos hoy: vaya Ud. a gestionar algo en un banco para que sienta la soledad y el poco número de empleados en oficinas sobredimensionadas, que hace solo 20 años estaban atestadas de gente “haciendo cola”.

La visión adelantada de Chaplin se está cumpliendo, sin que se hiciese mayor cosa para equilibrar tecnología y empleo. La pugna entre los dos en la sociedad de mercado, indudablemente la gana hoy el capital, no importa que el desempleo y la miseria crezcan. Que desarrollos tecnológicos hayan venido mejorando la calidad de vida de la humanidad, según las oportunidades económicas de acceso a ellos, es innegable; como también los hay en detrimento creciente del futuro humano. Pero la disyuntiva entre tecnología y empleo seguirá sin resolverse, mientras no se aborde más desde la ética que desde el capital.

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