martes 03 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

Cien años y dos días

Que un diario se mantenga más de lo que en promedio es la vida de un colombiano habla de actitudes persistentes y terquedades valerosas
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Este es el tiempo que ha permanecido Vanguardia generando opinión e informando sobre nuestra realidad inmediata; nació con espíritu liberal, después de sucesos recientes entonces que marcaron el futuro del país –Guerra de los Mil Días- y el destino inmediato del mundo –Gran Guerra o Primera Guerra Mundial-, ambos oscuros, violentos, cruentos, alejados del debate político civilizado. Para desplazar las guerras, era necesario que la democracia demostrara ser un sistema apropiado para dirimir conflictos usando la palabra escrita. Nació heredando la insistencia de los liberales del siglo XIX, para que hubiese prensa libre como medio, así esta noble función social se haya usado también para defender lo indefendible.

Que un diario escrito se mantenga en la opinión pública más de lo que en promedio es la vida de un colombiano habla de actitudes persistentes y terquedades valerosas, porque bien sabemos los momentos duros por los cuales ha pasado Vanguardia la centenaria; y por los que tendrá que sortear con los avances acelerados en tecnologías de la información. Dicho sin zalamerías, hoy tan en la agenda de personajes dispuestos a llegar hasta la lambonería para congratularse con el poder; ni este diario la necesita ni es de mi estilo practicarla; solo he sido un columnista insistente que agradece esta ventana para expresar ideas y opiniones sobre el convulsionado mundo que vivimos, sin presionar a nadie para que las tome, las deje o pase en blanco. Es la suerte del columnista de opinión, que muchas veces termina sembrando en el viento.

Oportunidad de oro estos 100 años y dos días para reflexionar acerca de la calidad académica que se está impartiendo hoy para formar periodistas profesionales, un oficio entonces ejercido por empíricos ilustrados con deseos de servir, de debatir ideas, de señalar futuros diseñados sobre el pasado vivido en sociedad. Porque, digámoslo de una vez, algunos de nuestros informadores dan pena; andan preocupados por la chiva o por la lisonja que anula la crítica siempre necesaria -estamos en período preelectoral-, más que por la búsqueda de la verdad informativa, la ética del oficio y la profundidad del comentario; de contera, 100 años y dos días de periodismo también sirven para llamados de atención a las escuelas de periodismo.

Larga vida para Vanguardia y buena mar para su equipo de dirección y trabajo.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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