martes 31 de mayo de 2022 - 12:00 AM

Como vamos...

¿Vamos bien? Independiente de los resultados del domingo que ya pasó entre mentiras, miedos, asesorías y misiones observadoras, sospechas infundadas y fundadas que recordaron al siglo XIX, cuando decían que quien escrutaba elegía, aceptemos que la sociedad colombiana no goza de buena salud. Mirarla como cuerpo vivo con dolencias puede sonar a funcionalismo puro, pero no deja de ser un recurso pedagógico para entendernos mejor.

Las enfermedades sociales, graves en su mayoría ¿Cómo están siendo tratadas? Para avistarlas acudamos a los medios plagados de noticias sobre crímenes escabrosos, inverosímiles a primera vista, de violencias comunes y políticas, hambre y miseria, de desplazamientos por desarraigo, de comentarios sesudos o torcidos y malintencionados. La solución no es esconderlos debajo de la alfombra, ni que la prensa solo traiga noticias “positivas”, como se pretendió engañarnos. Una sociedad que pasa de mal a peor como lo pueden comprobar generaciones hoy sexagenarias, que desde su adolescencia masticaron la esperanza de un mundo mejor; los remedios, desde la indolencia hasta la represión a la ligera sin averiguar causas generadoras, con el agravante de la impericia de quienes ciegamente creen que la enfermedad está en el individuo y no en la organización social, convencidos de la violencia como medio, que matando o encarcelando la enfermedad desaparece. Vana ilusión; un cambio de enfoque, ahora que se desarrollan procesos electorales, podría atacar de raíz la gravedad del enfermo, porque como vamos ... vamos mal.

No se trata de justificar delincuentes, atracos, violencias, corrupción, sino de iniciar un proceso fuerte de reeducación social, de cuidados intensivos, recuperando el papel del Estado como médico jefe, no para que sigamos como estamos, sino asumiendo un enfoque global de la problemática, garante del bienestar de los ciudadanos, primando en sus intervenciones el bienestar común. Seguir defendiendo el “statu quo” o maquillando problemas sociales con subsidios y buena fe más parece un suicidio fácil de entender pero difícil de asimilar para quienes creen que los estallidos sociales son solo calenturas de desadaptados sociales, que lo son porque no encuentran acomodo en la sociedad que les tocó vivir. Tan profundas desigualdades sociales centenarias no se pueden subsanar de la noche a la mañana, también es cierto; pero un proceso electoral como el que se realiza en Colombia, debe servir, cuando menos, para saber cómo vamos y qué hacer.

lileguar@gmail.com

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad