martes 14 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

Con lástima lastimera

continuar en la gazapera de quién es quién para encabezar listas o en el “ayúdenme a encaramarme” para aprovechar mi cuarto de hora, no es hacer política sino politiquería de intereses particulares...

En tiempos preelectorales se hace perentorio definir para dónde y hacia quiénes orientar el Estado y por eso mismo la acción de sus gobernantes. Desde la Revolución Francesa está sobre la mesa el asunto de precisar si deben primar los intereses individuales o los colectivos, con la inevitable conclusión de evidenciar que en todos estos años han predominado los intereses individuales en políticas, planes, proyectos y programas aplicando el ideario liberal bajo diferentes formas, el neoliberalismo en cuyo regreso estamos, con excepciones, más que todo ensayos políticos pretendiendo que el Estado se oriente hacia el beneficio común, sin que desaparezca del todo la iniciativa privada en su forma más suave, como puede observarse en países del norte europeo y ahora en la perseguida Cuba; todo lo cual supone una redefinición del concepto de democracia.

La confrontación electoral derechas vs. Izquierdas, que vemos en América Latina, recuperando el concepto de “cambio” social hacia adelante o hacia atrás según el modelo de sociedad esperada, parte de un centro equilibrado ilusorio; no es una encrucijada fatal sino búsqueda para redefinir alcances del Estado y sus gobiernos. ¿Entenderán esto nuestros candidatos de todo tipo y figura? Porque continuar en la gazapera de quién es quién para encabezar listas o en el “ayúdenme a encaramarme” para aprovechar mi cuarto de hora, no es hacer política sino politiquería de intereses particulares para que los míos predominen sobre “los demás”, visto hoy en el acoso comercial durante la pandemia.

Por tener Estados gobernados así y ciudadanos defendiéndolos, cuando los catastróficos efectos reales de tal tipo de sociedad indican que su vigencia está agotada por incapacidad intrínseca para solucionar los problemas estructurales generados, es imperativo que el debate electoral colombiano incluya la demanda de cambios en la estructura social, superando la lástima lastimera de los subsidios temporales, las dádivas caritativas navideñas de ricos para pobres a cambio de salarios injustos 364 días restantes del año, síntomas evidentes de sociedad exhausta y sin futuro; a la vista la solicitud de pasaportes creciendo en un 300% para irse al “paraíso”; solo los aventureros dicen “ya que estamos bien aquí, vamos para otra parte”; y la pandemia del hambre que en este subcontinente creció un 30%. Engañan culpando de todo al COVID; antes de 2019 tampoco vivíamos en el paraíso de Alicia.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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