martes 31 de octubre de 2023 - 12:00 AM

Libardo León Guarín

Correo desde Samarcanda

Es una de las ciudades más viejas del mundo, ubicada en Asia Central, en la ruta de la seda que comunicaba Oriente con Europa, sobre todo con China; persas, árabes, turcos, mongoles, uzbecos, rusos han tenido asiento en su territorio, conquistada por Alejandro Magno en el 329, es la segunda ciudad de la república de Uzbekistán después de Taskent la capital, después Bujará; y tumba de Tamerlán o Timur el Cojo (1.336-1.405), legendario conquistador tártaro de medio mundo, lugares estos que tuve oportunidad de visitar hace varios años. Entonces Samarcanda cumplía 2.001 años del segundo poblamiento, porque el primero data de unos 2.700 años, con restos en paleolítico tardío; ciudad de madrazas y minaretes hoy restaurados, de cultura islámica predominante, patrimonio de la humanidad (UNESCO/2.001), economía industrial y turística como que en el registro figuran unos 240 hoteles y posadas y 600.000 habitantes aproximadamente.

¿Pero para qué tantos datos y recuerdos? Pues allí en reciente reunión de la Organización Mundial de Turismo (OMT), buscando favorecer desarrollos en este renglón del sector terciario de la economía, señalaron lugares privilegiados para el turismo rural, dos por Colombia uno de ellos Zapatoca (1.743) –el otro Filandia en el Quindío-; y aquí empiezan las preguntas: ¿Estamos preparados para valorar la dimensión de la distinción señalada? ¿Qué tipo de turismo se viene haciendo y se piensa continuar haciendo? ¿Corresponde la infraestructura con la requerida en oportunidades como esta de exaltación bienvenida aunque repentina? No haré de aguafiestas pero invito a mis paisanos a pasar de la emoción comprensible a la acción sin perder de vista la realidad. La OMT, que entiendo es una entidad privada con ánimo de lucro, también insiste en un turismo sostenible con el medio ambiente natural pero además con el medio social; tristeza da ir a pueblos cargados de tradiciones, en temporadas y puentes convertidos en tierras de nadie, porque quienes los visitan huyendo de la gran ciudad se la llevan puesta y la repiten: ruido, vehículos a velocidades inapropiadas estacionados en cualquier parte, vandalismo, a tal extremo que los residentes prefieren huir por unos días. Añádale atropellos a la arquitectura tradicional, proliferación de mercados informales, precios altos, destrucción de viejos espacios: en Zapatoca ¿qué queda de los caminos de reales que conocí de niño ya casi destruídos? Pero de Samarcanda llegó un correo con buenas nuevas.

lileguar@gmail.com

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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