martes 16 de junio de 2020 - 12:00 AM

Cuadros de costumbres

Releer recomendaba Borges, pienso que apoyando la tendencia conservadora de preferir lo conocido a lo bueno por conocer.
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Estos no son tiempos para aumentar el estrés, me dijo el médico, de no ser que sienta el placer que sienten los masoquistas provocándolo. Con el estado de cosas nacional tenemos nuestra dosis diaria, sin buscarla. Ni para lecturas pesadas, los filósofos de la angustia del mediados del siglo XX, ni para volver a los griegos. Releer recomendaba Borges, pienso que apoyando la tendencia conservadora de preferir lo conocido a lo bueno por conocer. Pues la oportunidad la pintan calva, en esta “ochentena” que más parece del extraño mundo de Subuso, para refugiarnos en la lectura.

Quise reencontrarme con un libro (*) como lo quería, descriptivo, además bien escrito por un exalumno, que me hablara de costumbres de otros tiempos, ahora que muchos pensamos en los cambios de comportamientos sociales que tendrán que venir después de este remezón, del cual tenemos que aprender que el pasado no perdona, si no se cumple la sentencia garciamarquiana: ¡Volverán, dijo; la vergüenza tiene mala memoria! Porque no digan que vamos a salir impunes y que todo va a ser acomodamientos para seguir en lo mismo. Decirlo sin miedo: si hay algo cambiante son los usos, las costumbres y los hábitos. Veamos pues esta descripción del autor citado, ubicada en la década de 1.840, entre “quedas”, epidemias de cólera y viruela, cuando desencantados decían que lo único logrado era una patria sin españoles:

“Era costumbre generalizada en Bucaramanga, que el almuerzo se sirviera a las nueve de la mañana, la comida a las dos de la tarde, y a las seis se comienza la merienda. Inmediatamente después el rosario en familia, para luego efectuar visitas. En ellas fumaban el infaltable cigarro rodillero, hasta que la campana daba el toque de queda. Comenzaba entonces el regreso de los visitantes alumbrados por un farol; a las nueve, todos debían estar retirados en sus casas, para no ser amonestados por los serenos de la ronda.” La calle real tenía 4 cuadras y los habitantes no pasaban de 10.000. (*) Arenas, Emilio. La Payacuá. Historia de Bucaramanga y las ciudades del Río de Oro. 2.009. pg. 175.)

Adenda.- Deseo desterrar de mi pantalla de computador, toda clase de propagandas de compre, compre, que obligan a leer o buscar información en medio de zapatos, brasieres, cruceros, trajes, pantaloncillos, electrodomésticos, comida, relojes, etc. ¡Qué abuso!

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