martes 25 de febrero de 2020 - 12:00 AM

De dientes para afuera

¡Sí, señora ministra! El proceso de paz no está semifallido, sino fallido y no por falta de voluntad de los reinsertados...
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Antes de retirarse, la Ministra del Interior dijo una verdad que pronto callaron: el proceso de paz estaba semifallido, reculando. Nada nuevo en la historia de Colombia. ¿Cuántos procesos de paz terminaron siendo alas de cucaracha? Un repaso rápido: los Comuneros en Zipaquirá, los alzados en armas en la Guerra de los Mil Días, con las guerrillas del Llano, del Tolima y ahora con las Facr, porque lo importante es hacerles pistola, prometiéndoles “antes de” solucionar causas del alzamiento, reconociendo en últimas pero de dientes para afuera, que se trataba de un conflicto social; el posconflicto sería tiempo para medidas, las acordadas, para que razones subyacentes y la violencia visible cesaran.

Pero se olvida que este es un país que no sabe ganar sin triunfalismos ni a perder sin retaliaciones violentas. Cuando se creó la UP, confiados en que a lo mejor tenían razón quienes afirmaban que no era la lucha armada la vía para lograr cambios sociales estructurales, los mataron igual que sucede con los reinsertados y líderes sociales que creyeron en el posconflicto como un espacio para aplicar los acuerdos de La Habana. Todo porque la ultra derecha empoderada solo cree en triunfos militares, a balazos, negando en el posconflicto el conflicto social ancestral. ¡Sí, señora ministra!: el proceso de paz no está semifallido sino fallido y no por falta de voluntad de los rebeldes reinsertados que siguen refugiados en un partido sin fuerza ni futuro, pero con desmovilizados muertos. Así los querrán ver para que aquí no cambie nada; todo eran cosas de terroristas, chusmeros, bandoleros, delincuencia común. A los ganaderos y comerciantes que siguen como loras repitiendo que “Santos le entregó el país a las Farc” ya nadie les cree.

Imposible con esa desconfianza más que centenaria esperar nuevos acuerdos para que les mamen gallo. Mientras la población civil sufre las consecuencias de la guerra atroz que produce ascensos militares, tierras baratas, compra de armas y los cambios en la memoria histórica que quieren hacer; y sufre también paros armados negados por voceros del gobierno, reduciéndolos a escaramuzas de desadaptados, dentro del mismo “negacionismo” que recorre el mundo desconociendo el cambio climático, las enormes distancias entre ricos ricos y pobres pobres, la democracia fracasada con golpes como en Bolivia y la prevención creciente alimentada con noticias falsas a granel.

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