martes 14 de noviembre de 2023 - 12:00 AM

Libardo León Guarín

De López P. A Petro U.

Leyendo, oyendo y viendo los medios me dio por retroceder en la historia, porque algo me decía que mucho de tanta saña contra un gobierno del cambio ya se había vivido en un país llamado Colombia, sobre todo contra personajes que se atrevieron a desafiar el establecimiento liderando procesos de cambio social en estructuras anquilosadas y problematizadas pero conformes, un siglo atrás nada más, para no ir hasta el convulsionado siglo XIX y más atrás hacia las rebeliones del XVIII. Un ejercicio de recuperación de memoria histórica no hace daño, si se entiende que por salud social debe hacerse para no terminar creyendo que es el olvido, no mirar atrás como estrategia política, la solución para seguir viviendo, como lo predican los apóstoles de la energía positiva.

Cuando el liberalismo era la avanzada frente a los residuos de la sociedad colonial y no estaba reducido al neoliberalismo de hoy, las guerras civiles expresaron mucho de lo que fue la confrontación entre derechas e izquierdas, con otras denominaciones: la educación pública, la separación Iglesia-Estado, el campesinado, la libertad de cultos, etc. constituyen el fondo de estas confrontaciones; líderes como Benjamín Herrera (1.850-1.934) y Rafael Uribe Uribe (1.859-1.914) –sin confundirlo- convencidos del liberalismo como presente y como futuro, fueron sometidos a desprecios, calumnias, falsedades sobre sus vidas política y privada, estrategia aún hoy vigente. Uribe finalmente fue asesinado con hacha en el costado oriental del Capitolio Nacional, por sicarios de entonces. Pero las similitudes continuaron.

Desgastados pero vengativos, los conservadores perdieron gobierno pero no poder en 1.930. Olaya y López Pumarejo entraron decididos a cambiar el país aplicando principios liberales modernos que el segundo había observados durante su vida en Londres, con la “Revolución Industrial en Marcha” pretendiendo dejar atrás el país pastoril que apoyaba la derecha: la ley de tierras (200 de 1.936) sobre el principio de que es de quien la trabaja, la educación pública –se expandió la UNAL-, otra vez el intento de separar Iglesia-Estado, restablecer el divorcio, la asociación sindical, etc. Pero fue tal la avalancha, contra él, su familia y su gobierno venida desde la caverna, preso en Pasto, que se vio obligado a renunciar en su segundo período (1.942-1.945). Otra vez los miedos hicieron su trabajo: ¡Comunistas, masones, el diablo, los marcianos! Cualquier parecido con lo que están haciendo al gobierno Petro Urrego no es coincidencia.

lileguar@gmail.com

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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