martes 18 de enero de 2022 - 12:00 AM

Delincuencia y democracia

En el desenvolvimiento milenario de la sociedad humana, con el homo sapiens protagonista central, se pronostica el advenimiento de una nueva fase o un nuevo quiebre; esto implicará la revisión de conceptos ya desgastados para replantearlos, desaparecerlos o sustituirlos, proceso ya en marcha para algunos: familia, moral, convivencia, diversidad, futuro, tolerancia, ley, libertad, justicia o los de delincuencia y democracia tan cercanos al anómico panorama que estamos viviendo los colombianos.

La correlación inversa hallada por la sociología entre delincuencia y niveles de vida establece que entre más bajos sean estos, mayor frecuencia en atracos, chanchullos, mendicidad, robos. Pero se quiere entender así; teorías sobre el mal encarnado en delincuentes natos, la del castigo de dioses o de la mala suerte, tienen mayor arraigo, hasta establecer la creencia de que eliminando al delincuente se extermina el mal social azotador. No se trata de justificarla apoyándola moralmente, sino de explicarla científicamente y de actuar en consecuencia tomando medidas de corto y largo plazo. Nuestros gobernantes, aplicando soluciones fracasadas sobre todo militares, prefieren las soportadas en creencias a tal punto que en las cárceles de hacinamiento macabro no cabe un preso más, mostrando resultados hasta con falsos positivos. A plomo no se acabará la delincuencia -a lo mejor mete miedo pasajero-, mientras haya altos niveles de desempleo y de empleo indigno, irresponsabilidad en el control natal, tratados leoninos de “libre” comercio, acoso consumista apabullante, enormes distancias sociales entre ricos y pobres, a la vista de todos en campos y ciudades sin que pase nada.

Y la tan socorrida democracia como gobierno del pueblo para el pueblo, una definición demagógica a lo mejor cercana a las ciudades-estado antiguas, que aquí se practica en versión liberal –neoliberal- como la precisa el Prof. Gustavo Galvis Arenas en reciente escrito. Imposible continuar con ese concepto restringido de democracia, atinente a libertad de mercado y reducida a elecciones manipuladas de qué manera, distante del predominio de los intereses mayoritarios en el gobierno político de un Estado, como doctrina prevalente; además, concepto justiciero aplicado por la “comunidad internacional” para castigar a Estados y personas que se aparten de sus catálogos sobre modelos políticos.

Adenda: No se cansa el gobierno Duque de hacer el oso internacional; la Vicepresidenta-canciller pretendiendo ordenar al gobierno español, sobre quiénes deben ser recibidos por el Presidente Sánchez.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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