martes 15 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Democracia a medias

Es difícil aceptar que este es un país democrático de mostrar, cuando entre las estrategias de campañas electorales -mundo real- están la compra de votos...
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Un sociólogo principiante debe comenzar por diferenciar el mundo formal, el de las declaraciones oficiales, el de les leyes escritas, el del deber ser, del mundo real, el que es, el observado alrededor, el de la vida cotidiana de la gente así no le guste, para no confundir lo ideal con lo existente. En ese ejercicio encontrará contradicciones entre lo que deberían ser las relaciones sociales y las palpables que son su campo profesional. Sucede lo mismo en la medicina o con la economía: Antonio Caballero alude a estas confusiones, diciendo que cuando se tiene sueldo de ministro, pues la economía va muy bien.

Con la democracia sucede igual; una cosa es decir a los cuatro vientos que Colombia es una democracia, que debemos defenderla a capa y espada y otra es constatar si en el mundo real esa democracia existe, si es el bien común mayoritario lo que predomina o si son los intereses de grupos de poder los que acosan las decisiones. Esto que más parece un disco rayado, hace que la democracia vaya quedando como simbolismo o fantasía de los sentidos. Entre otras cosas porque el logro pleno de la democracia, así como lograr el del comunismo –otra cosa son los diferentes socialismos-, continúan como paradigmas formales más que ser metas alcanzables.

Es difícil aceptar que este es un país democrático de mostrar, cuando entre las estrategias de campañas electorales -mundo real- están la compra de votos, las empresas montadas sobre el costo-beneficio y la utilización de la miseria para captar electores hacia fulano y no hacia programas afianzados en el bien común. O ¿cómo puede haber un electorado que vote a conciencia cuando la Ocde ubica a Colombia en el último puesto con 0.9 (escala 0-10) frente a Holanda con 9.5, en los indicadores de calidad de vida de los trabajadores? O cuando la Ministra del Interior abiertamente se pronuncia a favor de su padrino político en indagatoria ante la Corte, en país de padrinazgos. O cuando se busca “reglamentar” la protesta social, porque el vandalismo ya está penalizado, para que los marchantes lo hagan como niños buenos, ojalá uniformados, sin molestar a nadie, lo cual ya no sería protesta sino desfile ¿Y el continuado asesinato de líderes sociales? Democracia es lo que nos falta; solo supervive una democracia a medias.

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