martes 03 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Democracia en veremos

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Cuando al general Rojas lo juzgaban en el senado, leía el libro “La crisis de la democracia”, enviando con esto un mensaje político; entonces la caída reciente del nazismo-fascismo había generado profusa bibliografía sobre esta forma de gobierno, igual que cuando, muerto Franco, en la “transición” española volvieron a llenarse las librerías de títulos sobre el tema, que sigue servido sobre la mesa ahora con las explosiones sociales de rebelión pidiendo reformas o revolución social en Colombia, Irak, Chile, Ecuador, y El Líbano - Hong Kong y Bolivia del otro lado-, con preguntas acerca de si con la globalización creciente de las desigualdades económicas puede haber democracia neoliberal, quién manda en ellas o si, con episodios vergonzosos como los de Bolivia, se puede salir a cantar en menos que canta un gallo que triunfó la democracia.

Olvidemos la definición clásica “gobierno del pueblo para el pueblo” por demagógica, populista e impracticable, sobre todo en la primera parte. El desencanto ha llegado hasta quienes prefieren dejar las decisiones en manos de un caudillo o de expertos; porque lo más importante es para quién se gobierna, en beneficio de quién. Todo el valor de la democracia está centrado en si hay elecciones o no, sin importar la calidad de esas elecciones entre masas ignorantes políticamente y en precariedad económica. El último informe de la CEPAL señala que en América Latina la pobreza creció al 30.1%, 6 millones más que en 2.018, sobre todo en Brasil, Colombia, Ecuador y Argentina, mientras en Bolivia el MAS logró bajarla del 59.9% al 36.4%. Igual los EEUU aumentó: 40 millones viven por debajo del nivel de pobreza, así los ilusos piensen que pasar la frontera es empezar a recoger US$; también aumentan las viviendas en autos de segunda, según informe de la DW. ¿Con ese estado de cosas se puede garantizar el imperio de la democracia real? Más parece una retahíla para frenar explosiones sociales represadas, como la que estamos viviendo en Colombia. Y si la democracia no es capaz de tolerar socialismos suaves, con resultados para las mayorías como en Bolivia, pues que padezca propia crisis global.

Adenda.- A la Paloma golpista y cristiana boliviana, le gustan las frases racistas: “Sueño con Bolivia libre de ritos satánicos indígenas; la ciudad no es para los indios; que se vayan”.

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