martes 30 de agosto de 2022 - 12:00 AM

Desconfianza y exabruptos

No voy a caer en el tropicalismo de creer que Colombia es país singular por los exabruptos que brotan en todas partes, porque seguramente también los hay en otras geografías; pero tampoco caer en la justificación de aceptarlos por ser mal de muchos que bien sabemos termina siendo consuelo de tontos. Hacer visibles esos exabruptos en una columna de opinión, es manera de hacer denuncia crítica, para que no sea el paso del tiempo hasta el olvido y sin memoria, el antídoto contra la repetición, como si no hubiese sucedido nada.

No olvidemos que el ingenio perspicaz también ha servido en Colombia, para episodios aberrantes en esta guerra de variadas raíces y propósitos que no cesa, a pesar de los buenos propósitos del nuevo gobierno para lograr la paz total; aquí se han practicado monstruosidades como las casas de pique, el corte de franela, los falsos positivos, los fusilamientos mientras llega la orden, el miedo de las 7 p.m. y la amenaza colectiva, la tortura bajo formas de sagacidad impensada, el envenenamiento de aguas comunales, la venganza contra reinsertados y líderes sociales reivindicadores de derechos. Un episodio reciente habla de hasta dónde hemos llegado: un empleado pensionado viviendo solo en su parcela murió víctima de mordedura de serpiente en región de antigua guerrilla. Pero ese tipo de serpientes mapaná o talla X no es de la región; las trajeron las fuerzas de Estado para “sanear” la zona; finalmente los guerrilleros se fueron pero las serpientes se quedaron. Parece de ficción y ojalá lo sea tanto ingenio para ganar una guerra aún viva.

Resulta por lo menos angustiante y bochornoso que ante una historia violenta de unos 70 años en su última versión, después de las guerras civiles y una sociedad enferma que necesita giros estructurales urgentes, todavía haya interesados en elevar a tema nacional los tenis de la señora Ministra de Minas pero no los temas tratados con la delegada española; de frivolidad en frivolidad otras veces es el baile de la esposa del Presidente, el matrimonio de Minjusticia o las noticias pintorescas sobre la reforma tributaria; con razón esta falta de profundidad en el tratamiento de los problemas nacionales, unida a la desconfianza generalizada en las instituciones, ha llevado a la sociedad desbordada que tenemos o sea a la sociedad anómica perfecta.

lileguar@gmail.com

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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