martes 22 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

El destino manifiesto

No todos entienden que la reversa hacia la derecha extrema no es asunto de voluntades del Presidente, sino diseño de planes amplios de cobertura...
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Como es más lo que no sabemos que lo que sabemos, conocer es una carrera sin meta definitiva; pobrecitos los mantenidos en la ignorancia; religiones y refundadores unanimistas prefieren no saber mucho para pecar menos; por eso se vuelven fanáticos. No todos entienden que la reversa hacia la derecha extrema que vemos –si es que alguna vez estuvimos siquiera en el centro-, no es asunto de voluntades del Presidente o de quien lo maneja, sino diseño de planes amplios de cobertura, para mantener a los gobiernos dentro del destino manifiesto ya trazado, revestido de democracia.

Explicaciones que resultan tediosas en escritos periodísticos de opinión, pero ayudan a comprender los 13 muertos a raíz del asesinato del Sr. Ordóñez; el judicializado derribo por indígenas de un invasor hecho monumento, con órdenes de captura y recompensas; y el asesinato continuado de líderes sociales sin una condena fuerte del gobierno. Porque no son hechos aislados, sino parte del todo para que en lo fundamental nada cambie. El joven Presidente, víctima ignorante en ideas políticas, estima que la Policía hay que “modernizarla” y conmilitón del destino manifiesto quisiera acompañar al Presidente Trump en campaña; los “perfilamientos” se volvieron rutinas para “proteger” ciudadanos, las masacres son “líos de tragos y de faldas”; y prefieren oír a la aristocracia blanca de Popayán que desde siempre se considera heredera de linajes peninsulares y a los indígenas sus sirvientes plebeyos. Hasta crear universidades formadoras de cuadros necesarios para saltarse el explosivo panorama social, si fuere necesario haciendo de la violencia no un problema sino una solución.

Recorra América latina y encontrará, palabras más palabras menos, el mismo panorama de reversas: en Ecuador inhabilitan a Correa y lo mismo hacen con Morales en Bolivia, de Brasil ni hablar, El Salvador, Paraguay y Uruguay, Perú con el más alto número de muertos por COVID pero eso no importa, en Chile aún la Constitución y la Policía de Pinochet; y todos obedeciendo órdenes, haciendo el oso reconociendo a un autoproclamado “Presidente” de un país vecino. En medio del regreso de la ciudad ruidosa anhelada por los comerciantes, muera quien muera.

Adenda. En Venezuela, fuera de los oficialistas, la oposición dividida como bulto de canela, alegaba reunir 32 partidos políticos ¿Tantos?; dicen que dos latinoamericanos reunidos son tres partidos: el de cada uno y otro que fundan entre los dos.

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