martes 07 de mayo de 2019 - 12:00 AM

El mundo unilateral

Es como decir el mundo de los imperios buscando el pensamiento único, uniformado; porque la multilateralidad es más un deseo de organismos internacionales como la ONU y para declaraciones oficiales. Desde Egipto y Grecia, que dejó al mundo la democracia política, hasta el fascismo, la hegemonía soviética, los imperios chinos y los EEUU, pasando por Francia, España e Inglaterra; Jesucristo fue víctima, como miles de disidentes del imperio romano, por políticamente diferentes al “status quo”. Hoy, sin ir tan lejos, a un país tan rico en petróleo como Venezuela además con gobierno fuera del redil, esta riqueza y discrepar se le convirtió en su propia desgracia, porque no puede decidir soberanamente su autodeterminación.

Recién vencidos los nazis por otros imperios en competencia mutua, vino la Guerra Fría entre ellos, para dominar el mundo según sus intereses; y caída esta, se pensó otra vez en la multilateralidad del mundo, al menos tripolar –Japón, EEUU, Rusia-China- con ideologías diferentes y equilibrios sostenidos midiéndole los pasos al otro. Pero no se pudo; otra vez la unilateralidad y para eso están sanciones y ahogamientos para aquellos que no se sometan, proclamando, eso sí, la defensa de la democracia, la amistad y ayudas humanitarias. Además, pensar con uniforme es de estructuras verticales, de la vida militar, no de la civil, y de los conventos: ¿Se imaginan ejércitos y conventos deliberantes?

Un tufo de imponer el pensamiento único impulsado por la derecha recorre América Latina, incluida Colombia. Por los años cincuenta y setenta ya se ensayó, imponiendo dictadores sanguinarios apoyados por el imperio. Sin embargo, sigue siendo sociológicamente cierto que los conflictos, las discrepancias, las posiciones críticas, traen sus beneficios porque ofrecen oportunidades para obtener soluciones, conviniendo, dialogando y priorizando aquello en lo que estamos de acuerdo, siempre por la vía no violenta; es estar llegando a lo que llaman civilización, bien diferente de la barbarie, sin acudir al miedo y al odio. Hay que perderle miedo a la polarización poniéndole más racionalidad y menos emoción a los conflictos; más peligrosa es la uniformización del pensamiento impuesto por la fuerza, eliminando toda libertad para la diversidad, que buscan impone dictadores y lavaperros vestidos de demócratas; porque, como decía Rouseau, “la libertad no es hacer lo que se nos antoja, sino evitar que seamos sujetos del deseo de otros”.

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