martes 11 de junio de 2019 - 12:00 AM

El país en pequeño

En ese micro espacio con micro clima, además, cada quien busca hacer lo que le da la gana, unos justificándose en su pobreza y otros en el “progreso” y la libre empresa

Es lo que se llama, también en Sociología, tomar una muestra o un caso social para ver en él lo que sucede en su entorno. Eso hizo recientemente (mayo 25/19) en este diario el columnista Jaime Forero Gómez, describiendo lo que pudo ver en el recorrido entre Piedecuesta y la Mesa de los Santos; pero tal vez por razones de espacio, que no de agudo observador, se quedó corto en todo lo que hay que delatar allí cuando prevalece el dejar hacer y el dejar pasar sin presencia del Estado, que se supone representa a todos los ciudadanos y no solo la salvaguarda de unos pocos.

En los recorridos por esa zona, veo lo mismo; en ese micro espacio con micro clima además, cada quien busca hacer lo que le da la gana, unos justificándose en su pobreza y otros en el “progreso” y la libre empresa. Talas y deforestación, cuyos troncos macizos se muestran como artesanía, en zona pobre de suelos y en vegetación; casas en el aire invadiendo peñascos y la vía, ventas sin control de “comida típica” y no típica, quemas, motos hasta con cuatro pasajeros a velocidades que envidiaría Montoya y sin casco, rumbas de miedo con parlantes a todo volumen, imitando a la ciudad donde ahora cada negocio quiere tener el suyo en la puerta, haciendo de la calle un infierno; urbanizadores ofreciendo parcelas de maravilla y agua “abundante” mientras llega el verano.... “Se tiraron la Mesa” oí decir a un viejo poblador de la zona; “es una muestra del país”, le contestó otro, seguramente sabiendo qué decía.

Para la muestra un botón micro muestra en la muestra: durante este primer puente de Junio, en un conjunto recreacional construido por una iglesia ¿cristiana? en la vereda El Tabacal, por la vía al Teleférico, una señora predicadora con altoparlantes que el viento se encargaba de expandir tuvo al vecindario oyéndola mañana y tarde; las jornadas terminaban con música “rockera” cristiana, también a todo volumen. Pero no se trata de censurar la creencia religiosa, sino del abuso y el irrespeto con, por lo menos, dos derechos de los demás: a la libertad de pensamiento sin acoso obligado para oír sermones y a la tranquilidad, sin interrupciones, por contaminación auditiva.... Pero también hay un CAI recién construido para servir a la comunidad.

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