martes 03 de octubre de 2023 - 12:00 AM

Libardo León Guarín

Enseñanzas de la punición

La presentación que Colombia hace ante la Comunidad Europea sobre cambios en el manejo de la política contra las drogas junto con México, sacándola de la sola punición y criminalización como alternativa fracasada, para manejarla más con espacios dialogantes y reflexivos, equivale a extender, generalizando, el cuestionamiento del castigo como remedio para patologías sociales tan vivas hoy en sociedades socialmente enfermas como la colombiana. Estamos acudiendo de manera casi exclusiva a la punición milagrosa, al garrote como medio; de ahí que ante el crecimiento alarmante de la delincuencia común solo se exija más policías; descartarlos de manera radical, tampoco: “a dios rogando y con el mazo dando” o “zanahoria y garrote” a lo Mockus; pero importante buscar la causa o raíz de la patología para controlarla, proceso mucho más largo que requiere continuidad y no medidas de relumbrón, como se le está exigiendo al gobierno para problemas acumulados, consentidos por décadas.

Un estudio del DANE comentado por El Espectador y Vanguardia acerca de las desigualdades sociales en Colombia, trae datos sobre hechos reales que son raíz, fundamento y explicación de problemas sociales; hallarlos y tratarlos mediante planes y proyectos a largo plazo, es ejercer el poder más allá de la sola represión: la pobreza monetaria cubría (2.022) al 36% de la población o sea casi la tercera parte del censo demográfico, si bien descendió pues se redujo en un 3.1% ; sin embargo 6.904.501, creciendo, estaban en pobreza extrema; y el 50% de los 8.567.498 encuestados en esta gran investigación integrada de hogares, se considera pobre, el porcentaje de personas con solo dos comidas diarias, sin hablar de contenidos alimentarios, pasó de 21.6 al 29.9%; y un dato más para no fatigarlos: un número considerable dice que son menos ricos que sus padres, lo cual nos habla de descensos en la pirámide social y concentración de la riqueza. Chocó y Guajira lideran este panorama.

Y después nos preguntamos cuál cambio, por qué tanta delincuencia, tanta piratería en el transporte e informalidad ocupando el espacio público. Sin justificarlos ni elogiarlos sino explicando sus raíces como le corresponde hacerlo a las Ciencias Sociales, cambiar estos datos de suyo aberrantes así sean ya parte del paisaje social y acostumbrados a verlos sin mirarlos, es reto para titanes en campañas electorales, más allá del castigo que duele pero solo poco cura.

lileguar@gmail.com

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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