martes 02 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Hasta cuándo

en las alianzas predomina por quién poner a votar a la manada pero no qué votar; alianzas por aquí y por allá con notable ausencia de la Colombia profunda
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Oigo a un fotógrafo famoso metido en el Chocó profundo, preguntarse hasta cuándo va a continuar tanto abandono, tanta miseria, tanta ausencia de Estado, tanto miedo entre fuegos de paramilitares, narcotraficantes, ejército, terratenientes y guerrilleros; la pregunta sin respuesta de no ser “hasta siempre”, puede extenderse para todo el país, en tierras más extensas que el Estado y por ciudades con barriadas profundas, que habitantes de otras clases no las sufren ni las ven. La pregunta resulta oportuna ahora que comienza otra campaña electoral, sin diferencia alguna con todas las anteriores, cuando la puja se centra en las personas y no en los programas como establece el art. 259 de la C.N.: quienes elijan imponen al elegido el programa presentado o sea el voto programático.

Pero esto es en el país formal porque en el real, el de “se obedece pero no se cumple” y “el papel aguanta todo” es otra cosa. Lo estamos viendo: en las alianzas predomina por quién poner a votar a la manada pero no qué votar; alianzas por aquí y por allá con notable ausencia de la Colombia profunda, del país exhausto que dejará la emergencia del Covid, de la nueva normalidad pospandémica. Es la diferencia entre interesarse en los votos para encaramarse, decía Campitos, e interesarse por lo menos intentándolo con planes siquiera puntuales para ir atacando de raíz, estructuralmente, el país inviable por escindido y miserable socialmente, que algunos pronostican. Sin cortoplacismos de ocasión a base de subsidios, sino diseñando el atajo radical a las patologías sociales para seguir viviendo como pueblo.

Aquí eso es tema para académicos; sin embargo, parece que políticamente estuviésemos involucionando a tiempos en buena hora rechazados: la tendencia al “derecho” sucesoral monárquico basado en la falacia de los comportamientos sociales –manejo del poder- que se heredan genéticamente y no por aprendizaje, está sobre la mesa de la campaña que empieza. Pero nada de estrategias secuenciales siquiera para lo mínimo, como reducir gastos no prioritarios del gobierno, desconcentrar poderes, miradas hacia el futuro ahora que carbón y petróleo van de salida, la anticorrupción en serio y la paz sin mamadera de gallo, otra vez la tierra como germen de violencia, el desempleo digno sin caridad, las ciudades de nadie, para citar temas espontáneos de la agenda aplazada, ¿hasta siempre?

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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