martes 16 de julio de 2019 - 12:00 AM

¡Hola soledad!

Me aíslo en la “tablet”, en mi cuarto sin que nadie me joda. Individualismo puro posmoderno

No es tema nuevo para sociólogos y psicólogos; desaparecida la familia extensa de ascendiente rural, para ser sustituida por la familia nucleada más urbana, la soledad se venía venir porque íbamos a vivir entre multitudes solitarias. Hoy, de cada cuatro hogares en España uno es unipersonal pues lo que antes hacía la familia ahora debe hacerlo la sociedad etérea; mejor solos que mal acompañados, dicen algunos y ya se presentan ceremonias de matrimonios con uno mismo (sologamia), así continúe en el aire la pregunta acerca de si la soledad mata.

La situación no es para menos; Bogotá ocupó en 2.018 el primer lugar mundial en horas que sus habitantes pasan en trancones de tránsito, con 12 días enteros del año metidos en un vehículo, en lo cual la acompañan Roma, Dublin, París, Londres, C. México y Moscú. En el más reciente foro de Davos se confirmó que la desigualdad en la distribución mundial de la riqueza es cada es más grande: en 2.014 unos 85 ricos que en 2.018 eran solo 26, tenían el mismo patrimonio que 3.800 millones de pobres, solos padeciendo su pobreza sin esperanzas (Semana N° 1.920). Y en Colombia, cómo no tratar de vivir aislado de una sociedad que hace todo lo posible para devolver hacia la guerra el proceso de paz, con 123 reinsertados y más de 500 líderes sociales asesinados desde 2.017, según oigo esta mañana en uno de esos movidos desayunos noticiosos que nos depara el país para alegrarnos el día.

Entonces me explico sin justificarlo – una cosa es explicar, deber de científicos y otra justificar, papel de la moral-, la actitud agresiva de los jóvenes con el entorno social: no saludan a nadie, usan audífonos para encerrarse, la calle es exclusiva para su moto, la sexualidad es solo eso sin amor ni compromiso, vivir ahora, yo soy yo, lo demás me importa un pito; me aíslo en la “tablet”, en mi cuarto sin que nadie me joda. Individualismo puro posmoderno. Siempre la soledad fue recurso bienvenido de descanso psicológico y para la creatividad; hoy - “no me extraña tu presencia... yo soy tu amigo, ven que vamos a charlar” (Palito Ortega)-, pasó a ser una patología social, consistente en desear aislarse de ruidos y gentíos anónimos desconfiables, que te pueden asesinar, robar, atropellar, secuestrar, engañar y violar.

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