martes 19 de abril de 2022 - 12:00 AM

La estampida

...la ciudad no resultó ser el lugar soñado por los románticos del siglo XIX, sino algo que atosiga, maltrata, fatiga y tensiona todos los días

No encuentro otra palabra para describir el fenómeno social colateral a la Semana Santa, con retorno también caótico, mediante el cual miles de ciudadanos emprendieron la carrera, más parecida a una fuga de la ciudad donde viven; no importaron informaciones ciertas sobre mal estado de las vías, lluvias en Abril, ni saturación de vuelos, trancones indescriptibles ni pandemia inconclusa. Lo importante era salir. Este comportamiento social que apenas hoy Martes está concluyendo, no puede pasar inadvertido; leído más allá de la anécdota dice varias cosas.

Que la Semana Santa se transforma rápidamente en tiempo laicizado, independiente de influencias religiosas, está a la vista; y teniendo en cuenta que un alto componente de la población de nuestras ciudades proviene del sector rural, pero sobretodo de pequeños asentamientos urbanos donde permanecen ancestros y población mayor, el afecto se convierte en pretexto para la huída. Pero la gran mayoría lo hace porque la ciudad no resultó ser el lugar soñado por los románticos del siglo XIX, sino algo que atosiga, maltrata, fatiga y tensiona todos los días. Convertida en símbolo de progreso sin desarrollo, llega a tales extremos –delincuencias, distancias, movilidad, hacinamiento, anonimato entre multitudes, confianza lastimada, zonas deterioradas social y físicamente-, que parece ya estar de vuelta como modelo de “hábitat”. Las dimensiones alcanzadas en todos los sentidos, la volvieron inmanejable por más buena voluntad de los alcaldes. De ahí la búsqueda de espacios para la escapada. Sin embargo, el trabajo en casa y el desarrollo de la microelectrónica, en el futuro inmediato podrían ofrecer salidas, con migración de retorno y desconcentración de servicios.

No siempre fue así; los humanos del mundo primitivo no las conocieron; esplendorosas en el Mundo Antiguo, con el advenimiento de la Edad Media europea, rural por excelencia, supervivieron solo unas cuantas por motivos diversos, hasta la monopolística liga hanseática de ciudades comerciales, unas 90, entre los siglos XII y XVII, Lübeck (1.241) tal vez la más importante. Y en la modernidad símbolo y polo hasta el hastío que hoy se observa con la huída buscando vida digna, porque solo los aventureros actúan conformes con el “ya que estamos bien aquí, vámonos para otra parte”.

Adenda:- El ingeniero Manuel Enrique Rey Sanmiguel continúa activo produciendo intelectualmente textos diversos. Esta vez se trata de poemas que quiere compartir con amigos y lectores.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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