martes 18 de octubre de 2022 - 12:00 AM

La guerra ¡nunca jamás!


Sin acudir a la geopolítica es difícil entender esta guerra, que como en todas las guerras, tiene felices a los vendedores de armas y doblegada a la Comunidad Europea.

Nadie va a pararle bolas a este grito solitario, desde un país que la ha sufrido en su interior por décadas, “graniadita” como diría un campesino de La Belleza. La de Ukrania hoy es el caso más reciente y ¡Qué desastres, desplazados, destrucción y muerte! en un país convertido en campo de batalla-escenario para definir intereses hegemónicos en buena parte ajenos a su condición de país “soberano”; papel acerca del cual no han faltado intentos para asignárselo también a Colombia, convirtiéndola en punta de lanza contra vecinos “descarriados” del patrón, diseñado para cumplirlo al pie de la letra.

Lo de Ukrania es eso: la OTAN metiéndose en zonas de influencia ajenas buscando bloquear la salida al Mediterráneo por el Mar Negro a su contendor, como parte de la estrategia para establecer un mundo unipolar. Sin acudir a la geopolítica es difícil entender esta guerra, que como en todas las guerras, tiene felices a los vendedores de armas y doblegada a la Comunidad Europea. A menos de un siglo de la II Guerra Mundial, tal vez la más atroz de todas las guerras de que se tenga memoria, más o menos con los mismos actores de entonces y con propósitos políticos similares. Pero el mismo libreto, seguramente actualizado con los avances tecnológicos. Como para que haya guerra es indispensable que haya por lo menos dos contendores, faltan a la verdad quienes endilgan solo al otro los muertos, la destrucción, los desplazados y todo tipo de desastres.

A lo cual hay que añadir la información desplegada que nos llega, por lo general tomando partido por un solo lado; cuando no algunos noticieros y comentaristas reduciendo el conflicto a una pelea de comadres o cuando mucho a un “agarrón” entre buenos y malos. De ahí que, como lo estamos viendo, la más perjudicada sea la verdad. En la guerra todos son culpables; las salidas políticas, convenidas y conversadas, son la otra alternativa a “bala es lo que viene”; despojadas las partes de la pretensión de imponer al otro su agenda inmodificable si no se trata de una rendición, es indispensable cumplir la palabra más allá de la desmovilización como objetivo primordial encubierto, con consecuencia: la creciente desconfianza en los procesos de paz, en lo cual Colombia es ejemplo de desgaste y maestra de la burla.

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