martes 27 de septiembre de 2022 - 12:00 AM

La mesa urbanizada

Como si se tratara de palabras necias además en oídos sordos, aquí los problemas sociales por lo general comunes a los de muchos países, se toman como oyendo llover sobre mojado; pasan y pasan sin que pase nada, de no ser los estallidos sociales que conocemos por represamiento sucesivo de insoluciones y promesas. Ya han transcurrido siglos desde cuando la ciudad era el futuro por alcanzar, para vivir sabroso –sin miedos-, como dice la Vicepresidenta.

Tampoco aprendieron entonces repasando siquiera de la historia de ciudades en el Mundo Antiguo, que terminaron en ruinas por guerras pero también por desbordamiento de la ciudad en sí como medio social apto para la vida humana; ahí quedaron escombros que hoy dan oficio a los arqueólogos y a turistas interesados en ver piedras como vestigios del pasado. Seguimos sin aprender repitiendo sin analizar causas porque las consecuencias están a la vista: ciudades vueltas un caos bien organizado que más parecen bienes mostrencos, con deterioros irreversibles que dejan en manos de un alcalde y su equipo para que desorganice el caos, una labor para titanes por más que tengan voluntad de servicio. Pues parece que la suerte está echada; la huída los finales de semana hacia espacios más tranquilos con síndrome de domingo por la tarde al regresar al hábitat no deseado, por ser un adelanto a la fatiga que producirá la ciudad la semana que comienza; también en Bucaramanga, la bonita.

Pues un refugio apacible buscado por los bumangueses para escabullirse se conseguía haciéndose a un parcelita, construir un refugio con primas y créditos en la Mesa de los Santos o de Jéridas o de Tocaregua, a pesar de la falta de agua en algunas zonas y la promesa de un acueducto de $22 mil millones invertidos que no aparece. Pero como no aprendemos con tanta historia urbana trillada encima, pues están llevándose la ciudad para allá, urbanizándola, como lo demuestran las motos y cuatrimotos, los parlantes estridentes, las colas de autos a ciertas horas, la profusión de negocios y construcciones de todo tipo, la tala y la fumigación química acabando con pájaros y fauna en general; en tiempos en que se habla del decrecimiento necesario y urgente, si queremos que nuestros descendientes sigan viviendo en el planeta tierra, porque ahora mismo no hay otro igual para trastearnos.

lileguar@gmail.com

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