martes 09 de abril de 2019 - 12:00 AM

La otra Venezuela

La de Eloy Blanco, Teresa Carreño, Rómulo Gallegos, Torrealba, Soto el pintor, Michelena, Uslar Pietri, Otero Silva, Dudamel el director y el deportista; no la que muestran los medios sesgados, sobre todo radiales, que ante la actual encrucijada andan ladeados, tomando partido, metiendo las manos como gringo suelto en asuntos que compete resolver a los venezolanos; negándonos al menos el 50% de la información veraz a la cual tenemos derecho. Pero esta no es la motivación de hoy para la nueva Vanguardia. Son las emociones que me dejó la transmisión diferida en “Film & Arts” de la participación en el Festival de Salzburgo de la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela Simón Bolívar.

Creada dentro del Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Juveniles (SNOS) que ha llegado a tener aproximadamente un millón de niños, adolescentes y jóvenes, en buena parte de los suburbios de todo el país, su gestor principal fue el economista y músico de alta gama galardonado como el que más, José Antonio Abreu Anselmi (1939-2018). En esta oportunidad unos 150 de sus integrantes, con los más variados instrumentos propios de una orquesta sinfónica –cuerdas, vientos, percusión (violistas, timbalistas, fagotistas, bajistas, trompetistas, ...)-, interpretaban obras de Malher, Staruss, Bernstein, Mendelssohn bajo la dirección de maestros europeos y de un jovencito venezolano, de edad no mayor de 16 años, cuyo modelo debió ser G. Dudamel formado en el SNOS y director de la Orquesta Filarmónica de San Francisco (California). ¡Qué disciplina, qué entusiasmo, qué armonía! Esa es la Venezuela que no vemos. Hemos tenido más contacto con la Venezuela de los políticos anteriores a Chávez que la condujeron como mayordomos apátridas del petróleo para otros, para después quejarse del atormentado Maduro insistiendo en un modelo hoy ahistórico dentro de los modelos socialistas, intentando dejar atrás el oscuro pasado. Con el sainete de Guidó el “autonombrado”, haciendo de mandadero de los que bloquean económicamente a todos los venezolanos que no se han ido para Miami (los ricos) o para Colombia (los pobres), jugando a la doble moral de bloquear y enviar “ayuda humanitaria” para la foto internacional. Entre tanto hastío noticioso sesgado y las amenazas de guerra insensata en nuestra más cercana vecindad, pero viendo tanta organización orquestal y tanta música redentora, llegué a pensar que si los artistas dirigieran el mundo, este sería menos polarizado y violento.

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