martes 18 de junio de 2019 - 12:00 AM

La temperatura política

¿Cómo era Colombia desde la confrontación subversión-estado hace solo 15 años? Y saque conclusiones.

No soy de los que me asusto porque haya confrontación política, cuya línea roja debe estar allí donde amenace con convertirse en violencia. Mi formación académica no da para ser de pensamiento único, de unanimismos propios en dictaduras, ejércitos y religiones. Que griten, que protesten, que se muestren las inconformidades sin añadirles la obligación de tener que aceptarlas. Las opiniones diversas enriquecen, son puntos de vista respetables así no se acepten. Cuando entendamos esto, podremos decir que hay democracia, una palabra harto denostada hoy.

Entro en estas cavilaciones recordando las de Jaime Luis Gutiérrez en este mismo diario, cuando advierto que la polarización política debe ser solo eso; pero viene desenvolviéndose entre quienes quieren resolverla por la fuerza de las armas o por la fuerza de la razón. Si por la primera, los ataques furiosos al proceso de paz, JEP incluída, pretende magnificar la guerra como solución a las controversias, elogiar la revancha, estimular el conflicto bélico, aún sin solución total es cierto; no solo se manifiesta en lo político sino en la vida cotidiana, en la familia, en el vecindario aplicando la agresión física apoyada en la creencia de que llenando de miedo o matando al oponente desaparece el delito. A los adversarios del proceso de paz, cuando debiéramos estar en el posconflicto, nada importan los llamados de la comunidad internacional para que lo acepten como el resultado de convenios entre partes, por no existir vencimiento militar; sus intereses sobre tierras, poder cuestionado y formación política no les dan para tanto.

Quienes creemos que el camino es la fuerza de la razón, lo mínimo que podemos hacer es una comparación temporal: ¿Cómo era Colombia desde la confrontación subversión-estado hace solo 15 años? Y saque conclusiones. Enredados en si volvemos a favorecer la guerra con todos los intereses que la respaldarían o si seguimos avanzando con acuerdos de paz para pasar la página, entrampados galopan los problemas sociales creciendo sobrecogedores ahí a la vista de todos (desempleo-delincuencia, desnutrición-salud, corrupción-justicia); y padeciendo un gobierno interesado en volver atrás, en “defender” Venezuela, en apoyar a Macri -peor no le puede ir al argentino-, viajando a Washington a parar torpedos y rendir informes, atado a su alter ego o pronunciando alocuciones insulsas e irresponsables. Todo un conjunto de mediocridades, para quejarse luego del país polarizado.

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