martes 30 de abril de 2019 - 12:00 AM

Mientras crecen los problemas

Los problemas de todo tipo tienen causas y consecuencias diría Perogrullo; entre las primeras hay fundamentales y no fundamentales o si usted lo prefiere básicas y secundarias; en el caso de los problemas sociales, la sociología enseña que, si se quiere atacarlos, hay que empezar por las causas y de ser posible por las fundamentales, las básicas. Estas verdades evidentes, las traigo, porque no es nuestra tradición cultural atender así los problemas; además de no prevenirlos planeando, preferimos dejarlos crecer o ir solo hasta las consecuencias; dejamos viva la raíz; cuando mucho llegamos hasta causas secundarias; favorecemos buscar el gato negro de los filósofos en el cuarto oscuro donde no está el gato, que en lenguaje popular equivale a dar palos de ciego. La creciente delincuencia común de cuellos blanco y negro, manejada con estadísticas de efecto político según las cuales siempre está bajando, mientras la sensación ciudadana es lo contrario, deja retrotraer la frase, atribuída a López Pumarejo, según la cual el país era mejor cuando solo robaban los ladrones; sobre todo en las ciudades convertidas en ambientes propicios para la ley de la selva. Sin embargo, con paliativos pretenden bajarla a niveles por lo menos decentes, aumentando el número de policías o como saca pecho la Alcaldía de Bogotá, diciendo que pasaron de cientos de cámaras de vigilancia a miles en sectores públicos. Es mirar para otro lado, priorizar la represión frente a la prevención, porque las causas se mantendrán intactas: desempleo, formación moral mediocre en la familia, en los colegios y en los medios, bandas convertidas en empresas delincuenciales, impunidad, distancias enormes entre clases sociales creciendo, acoso comercial permanente hacia el consumo. Mientras esas causas raizales no se ataquen, lo demás es lo de menos; son paños de agua tibia pasajeros. Tampoco se trata de dejar a la delincuencia suelta mientras llegan las medidas de fondo; pero lo que no se ve por ningún lado son políticas sociales estructurales, que ataquen causas y no solo consecuencias, confundidas muchas veces con gestos de caridad cristiana para pobres. Esta es otra frustración de la sociología en países como el nuestro, donde la lealtad al país siempre se confunde con la lealtad al Gobierno cuando se lo merece, como decía Marck Twain; mientras los problemas se dejan sin atacarlos a tiempo y sin ir al fondo de los mismos.

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