martes 06 de abril de 2021 - 12:00 AM

Mirarse al rostro

Para otros no es más que mala jugada de la evolución que nos priva de seguir viviendo, a pesar de todo, porque no hay más allá, ni infiernos ni paraísos, solo gusanos y olvido ¡Viva la vida!; vivirla es lo mandado, entre obstáculos y goces.
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Hay quienes afirman que durante esta pandemia indomable, a pesar de las vacunas, es lo más cerca que todas las generaciones vivas han venido aproximándose a la muerte con altas probabilidades de lograrla o padecerla, según se mire; afirmación que no sería enteramente cierta en un país como Colombia, donde generaciones enteras han sufrido -hemos sufrido- la amenaza constante de morir de un solo golpe, el desprecio por la vida porque la vida no vale nada; y no es una exageración, ni una frase retórica: la violencia secular, de todos los tipos, es muy nuestra. Cada uno de nosotros ha podido morir como millones que ya partieron, en una noche de bandidos que llegaron a demostrar quiénes eran metiendo miedo; o fusilado en el clímax del odio a la diferencia, en una emboscada por el camino viejo, en un atentado cuando iba al trabajo, por una corriente súbita que todos sabían que iba a llegar llevándose también casa y gallinero; porque un motero decidió tragarse el “pare” o transitar libremente por la acera, porque lo confundieron con el objetivo o dentro de esa otra pandemia sin fin iniciada hace más de 100 años, que es el automóvil, etc., etc.

Preguntarán por qué tanto miedo a la muerte cuando, como los místicos cristianos, se mueren de no morirse para pasar a la vida de goce y plenitud eternas, siempre con el miedo de caer en el infierno pendiendo; bienvenida entonces y ¡Viva la muerte! gritaba Millán Astray. Para otros no es más que mala jugada de la evolución que nos priva de seguir viviendo, a pesar de todo, porque no hay más allá, ni infiernos ni paraísos, solo gusanos y olvido ¡Viva la vida!; vivirla es lo mandado, entre obstáculos y goces. Nos quedan quienes preferirían desaparecer ante tanta desgracia, tanta pobreza y sin remedio, desconfiando de todo y de todos, razón de más para explicar por qué las estadísticas sobre suicidio crecen en Colombia. En los tres casos se está reconociendo implícitamente no estar hechos para el medio que nos tocó vivir; pero mirándose al rostro, queda inventarse mecanismos de huida.

Adenda.- Reformas tributarias de quita y pon; se busca recaudar $24.5 billones pero negociar aviones militares en la industria de la guerra, por $26 billones. ¡No entiendo! (El Espectador 28-03-2021).

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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