martes 07 de julio de 2020 - 12:00 AM

Muera quien muera

eso que llamaron humanismo, es del pasado donde las comunidades indígenas son un estorbo para los planes expansivos del gobierno...
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La expresión es de un alcalde brasileño anónimo, decidiendo sin querer queriendo que el comercio se abrirá pase lo que pase; pero no es inocente barrabasada de un funcionario; revela qué es prioritario en situaciones de crisis pandémica como la que estamos viviendo en un mundo neoliberal; lo de menos son las personas; eso que llamaron humanismo, es del pasado donde las comunidades indígenas son un estorbo para los planes expansivos del gobierno hacia la selva, quemándola como si se tratase de juegos pirotécnicos. Al fin y al cabo entre 1.520 y 1.521 murieron en América alrededor de 2 millones y medio de nativos mal contados, combatiendo contra los invasores, pero sobre todo por enfermedades endémicas virales e infecciosas traídas, como el sarampión, la viruela, el tifus, tifoidea y las gripas; pero aquí no pasó nada.

Tampoco es idea aislada de un gobierno; la admiración del presidente Bolsonaro por los regímenes dictatoriales brasileños, argentinos, uruguayos, por Stroessner y Pinochet, habla de una derecha extrema deshumanizada, donde lo importante es el negocio, la economía altamente rentable y que muera quien muera. Pero esta ultra derecha no se está quedando solo en repúblicas bananeras; el presidente Trump, amo y señor de todos los mundos, ordena invasiones, confisca bienes, confina pandemias, imparte órdenes a subalternos como nuestros “presidentes”, da reversa con gran facilidad, medica a sus paisanos, señala con el dedo a opositores del destino manifiesto gringo y se mete en asuntos internos de países que se consideraban independientes; ahora en campaña populista le está dando voltereta al neoliberalismo, viendo pasos de animal grande: se declara furibundo nacionalista egoísta, “América first”, comprando la producción (90%) del medicamento “Remdesivir”, para no dejarle nada a nadie; mientras, lejos del pluralismo democrático, apoya golpistas en Bolivia y ensaya tumbar gobiernos como el de Venezuela.

Como dice Julio César Londoño, el nacionalismo es un viaje en el tiempo al clan, a la jungla, a la tribu. Así comenzó el nacional socialismo hace 100 años, con el pretexto de sacudirse del Tratado de Versalles, sazonado con altas dosis de patriotismo, música que suele hacer cosquillas en los oídos de ignorantes. No importa que muera quien muera.

Adenda.- Insisto en que estamos desinformados sobre Venezuela; la mejor manera de saber lo que allí sucede, no es el silencio, ni las noticias falsas, ni las el “presidente” Guaidó.

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