martes 03 de mayo de 2022 - 12:00 AM

No a la guerra

Lo que debe rechazarse de plano y sin discriminación es la guerra, para que no nos salgan con el cuento de guerras buenas disfrazadas de democracia o “santas...

¿O será que alguien desea sufrirla en carne propia? Además, parece un grito extraño por venir de un país que la ha vivido desde los tiempos de los “cortes de franela” hasta los “falsos positivos”; entonces nos dijeron que era un problema entre trapos rojos y azules, cuando en la raíz oculta estaba –está- la tenencia de la tierra rural y el poder que da poseerla. Esas razones ocultas son las que generalmente les pasan por entre las piernas a los informadores, reduciendo el conflicto a un problema de buenos y malos, como está sucediendo con la guerra – ¡Otra vez la guerra!- en Ukrania, que puede parecernos lejana, sin que lo sea en el mundo globalizado actual.

En cualquier conflicto, grande o pequeño, armado o no, por lo menos hay dos partes enfrentadas; de ahí que los desastres colaterales macabros que estamos viendo en la sufrida Ukrania provengan de parte y parte, porque en medio de la crueldad, el temor a la derrota o la ilusión del triunfo, nadie se pone a pensar en guantes blancos. Lo que hay que estimular es el freno a la guerra; pero el papel de la ONU en este caso hace pensar en el de la Sociedad de Naciones durante la Segunda Guerra Mundial, desobedecida por todos hasta hacerla saltar en mil pedazos, como organismo destinado a solucionar conflictos entre países. Lo de hoy en el país europeo, no es una confrontación entre pocos buenos y muchos malos, sino una oportunidad, desaparecido el Pacto de Varsovia.

Es el escenario escogido, ya no para confrontar sistemas socioeconómicos, sino para pelearse zonas de influencia cultural y de mercados, buscando un mundo unipolar donde nadie se atraviese. Ukrania es solo una anécdota, el escenario, que podría llamarse Venezuela, Colombia o Uganda, pero carga con la suerte fatal de poner los muertos, los desplazados, edificios y su infraestructura destruidos; súmele las nacionalidades internas en países de países que existen antes que los Estados, muy al contrario de nuestra historia; es el caso de región del Donbass, espacio estratégico para salir al Mediterráneo. Lo que debe rechazarse de plano y sin discriminación es la guerra, para que no nos salgan con el cuento de guerras buenas disfrazadas de democracia o “santas” para imponer creencia a sangre y fuego.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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