martes 18 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Ojo al parque

Toda una muestra en pequeño de lo que es la ciudad y las ciudades viviendo procesos progresivos constantes de deterioro, sin que se vea mano capaz por lo menos de desacelerarlos.
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Una forma de conocer la realidad, en este caso social, es observándola, lo cual supera el simplemente verla, mirarla o negarla. Para la sociología la observación, participante o no participante, con sus diferentes técnicas e instrumentos, es uno de sus mejores apoyos para alcanzar conocimiento social. Sin más discursos teóricos, me desplacé hacia el centro de Bucaramanga, después de largo tiempo sin hacerlo; me ubiqué en el parque Santander, para mí aún el ombligo de la ciudad, así hayan aparecido otros epicentros dentro de la dinámica de polinucleación urbana presente cuando las ciudades crecen. Es una muestra limitada de lo que predomina en la ciudad como expresión de su vida social de día porque la noche es otra.

Empezando por el tráfico de vehículos y peatones: un caos. Motos por todos lados incluídas las aceras, terminalitos de piratas, vehículos particulares estacionados haciendo “tapones”, viandantes atravesando “por aquí que es más derecho”, vendedores de todo y para todo, contaminación auditiva con ruido a granel de vehículos pitando, motos acelerando, parlantes sonando; un CAI con policías mirando y emboladores haciendo su trabajo. Ya sin la fuente que, después de la horrorosa escultura que intentaron insertarle, prefirieron sellarla, entre otras porque se convirtió en piscina para habitantes de la calle.

Y plagado parque y alrededores de gente que presumo van y vienen haciendo diligencias, “malandros y jíbaros” me dice un conocido a quien pregunto, taxistas esperando pasajeros, jubilados solitarios, niños espantando palomas, desempleados esperando que con el sol de la tarde se vaya otro día amargo, venezolanos decidiendo seguir o devolverse; y los otrora símbolos emblemáticos del poder en la ciudad – La catedral, el Club de Comercio, el Hotel Bucarica hoy sede alterna UIS, opacados, casi ocultos, entre nuevos viejos edificios símbolos también de poder: la Cámara de Comercio, la Tríada, el Banco Popular... Toda una muestra en pequeño de lo que es la ciudad y las ciudades viviendo procesos progresivos constantes de deterioro, sin que se vea mano capaz por lo menos de desacelerarlos.

Adenda.- Después que en Barranquilla revivieran la canción “Canta, canta palomita blanca...” y que la Sra. Merlano cantara más que Pavarotti, aquí todo lo volvieron cuentos de Maduro. Simplemente le aplicaron el silencio, para que tampoco pase nada.

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