martes 31 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Oráculo de año nuevo

Esperamos que el oráculo nos diga que todo irá mejor, que peores años hubo y que la buena suerte estará con todos los colombianos
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Nada nuevo; los griegos parecen ser los maestros en eso de consultar el futuro preguntando y respondiendo mediando pitonisas que, usando diferentes medios, pronosticaban el porvenir signado por dioses y diosas. Delfos en el Monte Parnaso, Dódena en Egipto y una larga lista; tal comportamiento cultural lo heredaron los romanos: el de Sibila de Cumas o el de Preneste para pobres, porque se fueron especializando con el tiempo, en consideración con las divinidades que tampoco tenían por qué saber de todo. A este último acudían peregrinajes de esclavos y “gente humilde”; de existir hoy, ya tendrían sucursales obligadas en todo el mundo.

Pero la herencia greco-romana de los oráculos no se perdió del todo; también en culturas precolombinas los hubo, como el de la cultura Chavín en el Perú actual con un dios sonriente, al cual acudían, según crónicas del siglo XVI, masas ansiosas de intercambiar futuros por ofrendas. Hasta hoy con el tarot, las loterías que intensifican sus ventas a fin de año, los que leen la mano y la frente, el pocillo de chocolate el 31 de diciembre, las espigas de trigo, el color del vestido, brujos y brujas, sahumerios de nuevo cuño, los talismanes, todos vendiendo la buena suerte para el año que viene, porque el que se fue bien ido. Intentos por predecir el futuro incierto –algo quedó mal hecho porque deberíamos saberlo-, con raíces en el mundo antiguo.

Clientes predilectos eran los gobernantes, consultando para dónde ir porque cuando no se sabe para dónde va el gobierno, se puede llegar a cualquier parte. Al presidente Duque no le habría caído mal preguntarle al oráculo de Delfos con fama de acertado; Carlos Andrés Pérez en Venezuela prefería ir donde Ma. Alionsa y fanáticos del equipo del alma confían en salmos y aspersiones con aguas milagrosas, para ganar en la cancha.

Lo que está en juego los 31 de diciembre, en medio de la depresión llorosa y los abrazos, es no tener ante sí y al frente, más que una aventura de vida incierta por lo que pueda pasar en la sociedad donde estamos.

Con semejante albur, esperamos que el oráculo de esta noche nos diga que todo irá mejor, que peores años hubo y que la buena suerte estará con todos los colombianos ¡Salud! Soñar no cuesta nada.

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