martes 13 de febrero de 2024 - 12:00 AM

Pa’ Barranquilla me voy

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Tantas veces, en esta columna, se ha repetido que en el subdesarrollo ciudades bonitas no hay; tendrán espacios mostrables a los turistas, los menos; pero buena parte del plano urbano está ocupado por sectores medios y sobre todo por “cinturones de pobreza”, como se les llamaba hace 50 años, asombrados como estábamos por su crecimiento rápido provocado por variables como la migración rural-urbana y la tasa alta de natalidad, que se trató de controlar con la introducción abrupta del control natal, dada la premura del fenómeno y lo que se veía venir.

En Colombia, país de ciudades, como las anunciaban entonces los del incipiente turismo internacional, igual que en sus pares tercermundistas estas crecieron y crecieron sin desarrollarse hasta hoy, cuando continúan invitándonos a visitarlas diciéndonos mentiras acerca de su belleza social, también en canciones carnavalescas como la del titular e este escrito.

Válido para muchas otras ciudades: Medellín, Bogotá, Santa Marta, Neiva, Cali, Cúcuta, B/manga. ...., solo que B/quilla está en el centro de la polémica por la actitud bienvenida del gobierno de no realizar los Juegos Panamericanos, un buen negocio ya montado por algunos, solo que financiado con mil millonadas de todos los colombianos que pagamos impuestos, pretextando empleos tan pasajeros como los mismos juegos.

Y para dar imágenes de ciudad bonita y país de mentiras, porque me imagino que no pensaban abrir la ciudad para que zonas tan deprimentes como las del mercado o las barrios tuguriales, fueran advertidas por los visitantes; lo contrario: me imagino que se organizarían brigadas para recoger gamines y habitantes de calle, para soltarlos en otros espacios ya de suyo saturados, como se hizo en otras ocasiones.

Unos juegos donde quienes menos cuentan son los del deporte “amateur”, aficionado; unos pantallazos en los medios, el podio, sacar pecho y las medallas; porque el manejo del profesional ya es asunto del mercado, neoliberalismo incluído, mercancía al mejor postor. En todo caso nuestras ciudades, hechas a imagen y semejanza de urbanizadores piratas y no piratas a pesar de los POT, que como decían en la Colonia sobre las Leyes de Indias, se obedece pero no se cumple, merecen más que eventos de relumbrón para salir del estercolero en que están metidas, no por acción o negación del actual gobierno; razón suficiente para parodiar la falsa canción: yo p’a ciudades como Barranquilla, voy pero no me quedo.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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