martes 23 de abril de 2019 - 12:00 AM

Pagar por pecar

La muerte trágica del expresidente Alan García trae otro ingrediente para el ya explosivo tema de la corrupción, concepto que se concreta en el corrupto de doble faz: el corrompido y el corruptor; en términos de sor Juana Inés, quien debió recoger la sentencia del refranero popular para ubicarla en su poema, vademécum este refranero de preceptos morales en las sociedades tradicionales agrarias, hoy perdido en la anomia urbana: es tan culpable el que peca por la paga como el que peca por pecar. Si se le agrega lo de “el que peca y reza empata” o sea la bienvenida a la impunidad, pues el asunto se pone color de hormiga.

Los colombianos no sopesamos las dimensiones del fenómeno; tan es así, que con alta irresponsabilidad social no se alcanzó el volumen de votantes para rechazarla, con la misma frescura que se votó contra los acuerdos de paz, dos episodios nefastos que harto contribuyen al diseño de nuestro perfil internacional, hacia afuera, porque adentro ni nos damos cuenta. Pero tratando de dirimir el conflicto de sor Juana, digamos que entre corruptos hay desbalance, un desequilibrio de poder entre los dos actores: quien corrompe es por lo general más poderoso que quien recibe la coima; es un empoderado caballero, una firma o un ciudadano corriente con dinero, que aprovecha su posición ventajosa frente a empleados ansiosos de ascenso social, bajos en ingresos, en situaciones precarias caldo de cultivo para corromperlos, cuando no es mediante la amenaza hacia él o su círculo familiar.

En el caso de Odebrecht ese “modus operandi” es claro en la mayoría de casos vistos; su inmensa capacidad económica para corromper funcionarios por toda América, para hacerse a contratos además según sus conveniencias, parece no tener líneas rojas; y cuando se descubre al corrompido ya en la cárcel, entonces “negociemos” para que todo siga igual.

¿Conoce usted funcionarios de esta firma perversa en la cárcel? Son capaces de corromper hasta los diamantes. Ante tanta podredumbre, una salida digna como la que adujo el expresidente García para suicidarse, en un país que tuviese la dignidad entre sus metas, sería expulsar con bombos y platillos a ese nido de pícaros corruptores y todas sus filiales y ramificaciones, porque cambian de razón social según la ocasión, como una lección para que aprendan que tampoco todo en estos países son puras cloacas, aunque así lo parezcan.

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