martes 21 de junio de 2022 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Por estos días se memoran los 50 años del descubrimiento del megaescándalo de Watergate, que cambió para siempre la idea que tenemos de las relaciones entre la prensa -en ese momento escrita- y el poder; y por supuesto la acción de la justicia para llegar a las últimas consecuencias de este crimen; sobre el cual estamos lejos saber la última palabra, y todas las consecuencias. Fue de lo más grave que había ocurrido en la historia política de los Estados Unidos, hasta que apareció el fallido intento de golpe de Estado de Donald Trump. Nunca la democracia americana había sufrido una conmoción de ese tamaño, cuyas consecuencias de mediano y largo plazo ponen en entredicho su supervivencia, no solo en Estados Unidos sino en el mundo entero. Muchos historiadores hacen comparaciones entre el “trumpismo” y el desarrollo de la política europea de los años 20 y 30 que desencadenaron la II Guerra Mundial. Claro, ahora tenemos otras condiciones y otras amenazas, que presagian guerras o al menos conflictos muy complicados; de lo que la invasión rusa a Ucrania es apenas un botón.

El bullicio de la campaña ha ensombrecido y hasta ocultado la gravedad de la infiltración al “cuarto de guerra” del Pacto Histórico, reuniones privadas y con compromiso sagrado de secretas o muy sensibles. No son reuniones -aquí ni en ninguna parte del mundo- hechas para rezar u orar por el oponente político que se pretende derrotar en elecciones; que algunos prefieren llamar el “enemigo”, al que hay que destruir, si son simpatizantes del gran teórico del nazismo Carl Schmitt. La ropa sucia se lava en casa aun cuando sea con más agua sucia, pero no siempre funciona. Las infiltraciones desenmascararon el agua sucia e inmoral de una campaña política, pero está clarísimo que la capacidad técnica y financiera de los que hicieron las grabaciones durante meses no es la de un ciudadano con un celular entre el bolsillo. ¿Lo va a investigar la Fiscalía? ¿Provino de medios y recursos privados o gubernamentales? El silencio -¿cómplice?- no puede ser el lenguaje.

eruedas41@gmail.com

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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