martes 09 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Palabras necias

Pero el pueblo colombiano no está formado en política sino en politiquería que es su degeneración. De ahí la insistencia formadora para que las decisiones a la hora de votar sean menos emotivas que racionales.
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Entendida la misión formadora de los medios en tal dimensión que algunos prefieren no hablar de opinión pública sino de opinión mediática y en tiempos de campaña electoral, buscando el voto consciente para no seguir eligiendo caras, padrinazgos y nepotismo sino programas, insisto en la necesidad de hacer pedagogía sobre las posiciones ideológicas que en política son insoslayables gústenos o no, partiendo del centro en el plano cartesiano sobre el eje de las X, una posición puramente teórica para pescar incautos quedando bien con Dios y con el diablo, con la estrategia de introducir el pie en el agua fría pero sin meter la pata.

Resulta necio insistir en el Imposible político real de alcanzar tanto equilibrio ubicándose en el centro, así sea como tendencia; el imposible se evidencia atendiendo los problemas por resolver: en la salud, por ejemplo, de tanta vigencia con la pandemia, cómo afirmar que la acción política en la distribución de las vacunas es centrista, cuando Canadá acaparó tres veces las que necesita, mientras en pueblos santandereanos reciben con papayera y tricolor la llegada de tres unidades para el ancianato. O frente al futuro de la tierra que también nos toca y debiera ser compromiso programático de candidatos, enfrentando preguntas acerca del planeta que dejaremos a nuestra descendencia, pero también sobre los hijos que vamos a dejarle al planeta; etc.

Existe la necesidad de entender que derechas e izquierdas son más que expresiones para agredir; son posiciones políticas a partir del centro: en la medida en que nos alejamos de este hacia un lado favoreciendo beneficios particulares, privados y particulares o hacia el otro anteponiendo beneficios colectivos, comunes, en las decisiones. Por ambas vías se puede llegar a los extremos del eje, a los estados fuertes, a las dictaduras buscando hasta de manera perversa el cumplimiento de intereses –particulares o comunales- del proyecto político. Como ven pretender el poder poniendo a votar a la gente no es minucia de si fulanito o zutanita, de si me parece simpático o no. Pero el pueblo colombiano no está formado en política sino en politiquería que es su degeneración. De ahí la insistencia formadora para que las decisiones a la hora de votar sean menos emotivas que racionales. Pero puedo estar abriendo ojos con palabras necias para oídos sordos.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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