martes 20 de septiembre de 2022 - 12:00 AM

Para salirle al paso

Como crecimiento no es equivalente a desarrollo, hoy se habla con franqueza más de lo segundo que de lo primero; llegamos a tener acceso a tecnologías verdaderamente sorprendentes, en contraste con el crecimiento de la pobreza y la marginalidad social. La diferencia es más notoria en lo que entidades como el FMI cambian de nombre cada nada, llamándonos “países del Tercer Mundo”, “Subdesarrollados”, “en vía de desarrollo” o “neocoloniales”, ocultando así la realidad monda y lironda; se nos asignan tareas en el concierto mundial como productores de materias primas –sector primario- y consumidores de artículos elaborados en Europa o EEUU –sector terciario- o radicados en nuestros territorios mediante sucursales de multinacionales. En este empeño han jugado papel preponderante los tratados de “libre” comercio, que han dejado al garete a países como Colombia, viviendo de economías pasajeras.

Tan pasajeras como efímeras, frágiles a tal punto que en momentos de crisis económicas fácilmente sucumben, por ser no básicas en el ejercicio familiar de definir gastos preguntándose qué es lo primero y qué es lo segundo. Colombia no ha sido la excepción; fortalecernos con programas como el de la economía naranja, el turismo o las artesanías son eso y caen dentro de este análisis; mas parecen medidas para salirle al paso; nadie que sea responsable decide irse de viaje por el Caribe al debe, si no tiene cómo completar lo del arriendo del mes. Y lo del turismo interno merece consideración aparte: hay habitantes de poblados que prefieren huir en temporadas, antes que aguantarse la guacherna con la llegada de “turistas”, con su caparazón de ruido y bochinche, a “reactivar” la economía. Con esta finalidad ilusoria se montan festivales pasajeros, flor de un día, como que resulta difícil reconocer el poblado apacible de hace solo pocos días; un turismo salvaje, entendible solo como espacio liberador de tensiones acumuladas en el trasegar diario en la ciudad salvaje.

ADENDA.- Lamentable el estado de la Gorda de Botero; dado que se han presentado repetidas manifestaciones de desprecio por esta obra de arte, propongo que se venda a quienes la aprecien más que en Bucaramanga; y con el resultado de esta venta impulsar, en los medios, una intensa campaña de formación para la vida urbana, incluídos comportamientos no agresivos hacia la ciudad “bobita”. ¡Está haciendo mucha falta!

lileguar@gmail.com

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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