martes 09 de junio de 2020 - 12:00 AM

Pasado que no perdona

Lo sorprendente ahora es la ignorancia y desprotección para enfrentarla, dando palos de ciego, en medio de avances tecnológicos nunca antes conocidos en la historia de la humanidad.
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Un rasgo del comportamiento social posmoderno, dicen filósofos de los tiempos históricos, es la inmediatez, vivir el momento, sin pasado que pese ni futuro que preocupe; concepción de vida para jóvenes biches. Otros, como Fernando Araújo (El Espectador), sostienen que el pasado no se queda ahí, olvidado si se quiere pero dispuesto a regresar para cobrarnos algo. Lo digo mirando, no solo viendo, esta pandemia sobreviniente pero tampoco tan sui generis, pues ya se vivieron otras muy graves. Lo sorprendente ahora es la ignorancia y desprotección para enfrentarla, dando palos de ciego, en medio de avances tecnológicos nunca antes conocidos en la historia de la humanidad.

Que el pasado no perdona, aunque suene a telenovela para el mediodía, lo estamos viendo. Cuánto pesa hoy el Estado ausente en comunidades secularmente abandonadas, sin satisfacciones mínimas en servicios básicos; que niños desnutridos estén muriendo aquí como en Venezuela, porque salud, dice William Ospina, es prevenir la enfermedad entes que dedicar grandes esfuerzos de última hora para curarla. Salud es agua potable, aire puro, alimentación sana y adecuada, higiene; es educación para la vida y no para bien morir, porque nos han hecho creer que sufrir es prueba de amor cuando engendra miedo. Esa ausencia continuada de Estado no se improvisa con mercados y subsidios de ocasión, ni con teletones caritativas. Cuánto pesa hoy la salud privatizada o ver ciudades bordeadas de periferias miserables o que llegáramos hasta un 40% de la fuerza de trabajo en la informalidad y el rebusque. Cuánto nos duele la indisciplina ciudadana.

Pero en otras partes el pasado tampoco perdona; los estallidos de violencia en Estados Unidos van más allá de la protesta vehemente por la muerte de un ciudadano negro; si allí el racismo es ilegal, como lo son las castas en la India hace más de 50 años, pues castas y racismo están vivos; es la distancia entre lo formal –la ley- y la realidad social tan mentada por los sociólogos. El pasado racista no se ha ido, la justicia sigue sesgada y no es solo un muerto; el barril del paraíso estalló por todos los marginamientos que el pasado viene acumulando: pobres, drogos, indocumentados, destechados viviendo en autos viejos, desempleados que CNN no ve ni nos cuenta. Una cuarentena exclusiva para reflexionar sobre el pasado vengador, no sobra.

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