martes 28 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

¿Qué va quedando?

Un país tensionado socialmente, sin perspectivas reales de solucionar sus conflictos básicos, no puede tener año nuevo feliz.

Lo de “... me dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra...” solo alimenta la nostalgia de quienes tuvieron la fortuna de tener suegras buenas; y “un año que viene y otro que se va” es alabar la rutina. Viéndolo bien, con realismo, sin campanas, uvas ni pañuelos, no sé por qué el alboroto; es el simple paso del tiempo medido por astrónomos pero revestido por la cultura de significados para fechas que nada especial dicen a judíos y cristianos ortodoxos, a los indios del Ganges ni a los chinos que cuentan años diferente. Lo mismo sucede con la Navidad, hoy difundida, por no decir impuesta, por Occidente, cuyo significado inicial se viene perdiendo para transformarla en oportunidad consumista, la más acentuada del año, aún para católicos que no saben si es el 24 o el 25 de diciembre.

En Colombia ni siquiera va quedando la rutina; el “modus vivendi” de la población se agrava en diferentes dimensiones, según la posición de clase social: si los pobres crecen como las sombras cuando el sol se oculta, los ricos no pueden dormir tranquilos, ni siquiera con guardaespaldas por todas partes. Un país tensionado socialmente, sin perspectivas reales de solucionar sus conflictos básicos, no puede tener año nuevo feliz. No se trata, como pretenden predicadores de abrazos y olvidos, de alcanzar el unanimismo ni de entender la tolerancia como dar la razón al otro sin tenerla, para que llegue la paz etérea que se promueve en los mensajes navideños.

Seguiremos teniendo bonitas mariposas, paisajes no únicos sino deslumbrantes, gente buena y generosa y mucha esperanza; pero en el inmediato futuro pandemia e indisciplina, políticos luchando heroicamente por la lista pero sin programas, accidentes diarios con motos, líderes sociales asesinados y el gobierno ofreciendo recompensas; en Washington continuarán elaborando guerras frías distractores y condenando gobiernos a su antojo, Hidroituango para rato, pobres a la lata y ricos caritativos, ciudades al garete... Por esto y más, quedaría de mentiroso deseándoles feliz año.

Adenda.- Un helicóptero militar -del Estado- sobrevuela la ciudad, generando más contaminación auditiva; dice alegrar con villancicos al aire el nacimiento del Niño Dios. Pero el Estado colombiano es laico (C.N. Art. 19 y sentencia C-033-19). Si el Art. 20 garantiza las creencias personales, una cosa es una cosa ...

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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