martes 29 de marzo de 2022 - 12:00 AM

Síndrome de domingo por la tarde

una simple mirada al país que tenemos, con estadísticas oficiales disponibles, nos dice que el modelo social está agotado, que llegada la etapa neoliberal por segunda vez en menos de un siglo, seguir con lo mismo es un suicidio

Antes eran los trabajos inconclusos para mañana lunes, porque los alumnos ni el trajín administrativo esperan; hoy son los síntomas de complejidad social en tiempos preelectorales con Registraduría amarrada y las informaciones ladeadas sobre la guerra en Ukrania, escogida esta vez como escenario para definir intereses ajenos; sabemos que, en todas la guerras, la verdad es de las más perjudicadas.

Hace 55 años Luther King decía, en manifestación de protesta contra la guerra de Vietnam, en Chicago, que “...la guerra es una blasfemia contra todo lo que los EE.UU. representa.” Metidos por el mundo buscando mariposas como el “míster” en Macondo, sin pretender amigos pero sí negocios o defendiendo la democracia entendida a su manera, reparten premios y castigos. No solo perdieron esa guerra sino que salieron de manera vergonzosa, tanto que en sus programas oficiales de enseñanza escolar no aparece o la cuentan en versión taquillera “hollywoodense”. Antes fue Corea, Vietnam, Irak, Libia, Panamá, Siria ...; y no es aventurado decir que también Colombia está en la mira, ya con bases militares, ejército formado por ellos y ahora hija adoptiva de la OTAN-USA. Pero aquí todo esto pasa inadvertido; son más importantes los goles de la Selección o los triunfos merecidos de Nairo.

Cómo no experimentar síndrome de domingo por la tarde, mientras escribo para Vanguardia, comenzando la semana con vergüenzas como la armada para el “tocopetro”, del cual los 390.000 votos “aparecidos” son solo la punta del “iceberg”, dispuestos a que sigamos lo mismo, si es necesario yendo hasta la guerra; una simple mirada al país que tenemos, con estadísticas oficiales disponibles, nos dice que el modelo social está agotado, que llegada la etapa neoliberal por segunda vez en menos de un siglo, seguir con lo mismo es un suicidio también de los factores de poder; así el expresidente Gaviria, buscando acomodarse, se moleste porque le dicen que su liberalismo, lejos de los años 30 del siglo pasado, es coautor del Estado fallido que vive Colombia. Por paradoja, cuentan con sectores altos de la sociedad -vaya y venga-; pero también con sectores de clase baja enfurecidos y dominados, alegando que si gana la izquierda vendrán los “comunistas” a quitarles lo que ni tuvieron, ni tienen ni tendrán; otro colmo más de la ignorancia política.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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