martes 21 de junio de 2022 - 12:00 AM

Sinopsis sin final feliz

Concluir cuando se comienza parece contradictorio pero es exactamente lo que estaría sucediendo en Colombia, terminado el proceso electoral 2.022, independiente de los resultados finales, porque escribo antes del escrutinio para elegir presidente de la república. Son muchas las conclusiones que podríamos extraer si queremos un futuro político menos tortuoso y violento, basado en la aceptación civilizada de las diferencias, sin que obliguen a compartirlas.

De hecho encontramos singularidades que dan a esta experiencia hechos nuevos con vicios viejos como que los partidos tradicionales no tuvieron presencia significativa, por su desgaste natural y que el centrismo naufragara porque no nos gustan las medias tintas; así mismo se evidenció el posicionamiento del electorado en derechas e izquierdas, en medio de su ignorancia lo cual hace de estas adhesiones episodios afectivos poco racionales. De ahí que respaldos y rechazos se hagan más hacia el candidato que hacia sus programas; con otro agravante: me trasladó a la violencia partidista de los años sin cuenta: puertas cagadas, vidrios rotos, autos “fumigados”, insultos y panfletos anónimos amenazantes, líderes y opositores asesinados, todas estas actitudes de evidente canibalismo primitivo. Discrepo de los llamados a que nos abracemos, al unanimismo, como remedio si bien la sinopsis de estas elecciones nos deja la imagen de pueblo que prefiere la violencia a la tolerancia activa; que lo digan los medios registrando todos los días diferentes episodios de página roja con muertos y lisiados por el micro y macro tráfico, la violencia intrafamiliar, el raponazo callejero, el sicariato convertido en fuente de empleo y producto de exportación... todo dentro de alarmantes muestras de desconfianza en todo y con todos, con el miedo a las espaldas al salir, al comprar, a la noche, al vecino.

El país no puede seguir ni como viene ni como quiere llevarlo la derecha; suficientes demostraciones tenemos de haberlo conducido por siglos hasta llegar al estado de país deplorable en que caímos, con cero perspectivas no de final feliz –¡Qué jartera!- sino de país vivible sin Alicia. Fatigados de medios “democráticos” sin balance informativo, de noticias falsas y del todo vale, vez concluido este proceso electoral, la tarea es comenzar de cero o replantear el futuro que nos espera para seguir viviendo, firmes labrando un destino más equilibrado, menos desgraciado para la gran mayoría. Nada ha terminado; comencemos ya.

lileguar@gmail.com

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad