martes 02 de febrero de 2010 - 10:00 AM

Temas Urbanos

PAN DE TIERRA.- No es el mismo 'pan de la tierra', empleado en la gastronomía gallega para acompañar caldos y asados. Son las galletas asadas hechas con tierra enlodada, sal y manteca, comunes en barrios miserables de Haití desde mucho antes del terremoto, que engañan el estómago como alimento, carecen de proteínas y carbohidratos, pero contienen toxinas y parásitos mortíferos.

Sin embargo, la imaginería popular las racionaliza, diciendo que son excelentes para embarazadas e infantes. A esa pobreza secular, se había sumado la emigración rural-urbana y el alto precio de los alimentos, por despojo de tierras para dedicarlas a la producción de biocombustibles exportables, así como consecuencias del cambio climático que el 'progreso industrial' nos está dejando.  Haití  muere de hambre desde mucho antes del sismo, pero la hipocresía internacional vestida de caridad cristiana y no de soluciones estructurales, aprovecha estas catástrofes para alardear de solidaridad y condolencia lacrimosa. Ya se apagan las noticias de la tragedia y otra vez la mula al trigo; quedarán recuerdos fotográficos, promesas y damnificados morirán de esperanza; lo mismo sucedió con Biafra y las hambrunas africanas, el Congo, Ruanda y Burundi, y aquí Armero, Popayán, Armenia, la última avalancha del Río de Oro; otras vendrán. Cada catástrofe se convierte en una nueva exculpación y ahora también en otra invasión; unos 20 mil soldados norteamericanos, por encima de la ONU y sobre la preocupación de la Comunidad Europea, están en Haití, no precisamente para reemplazar definitivamente el pan de tierra por la dignidad alimenticia. Medidas puntuales y mucha imagen mientras pasa el aspaviento. Haití ya vivía en buena parte de la caridad de las ONG y organismos internacionales. Solucionar el problema del hambre antes y después de estas desgracias naturales, cuyas secuelas son más graves entre mayor sea la pobreza, exige medidas estructurales que por tocar intereses poderosos no se dan. Mientras tanto, que sigan comiendo tierra; de extenderse esta dieta a Colombia y aún creyéndole al DANE sus datos sobre pobreza y miseria, ¿se imaginan los nuevos-viejos ejércitos paramilitares apoderándose de más tierras, antes poco apetecidas como las de Barichara, Zapatoca, del Desierto de la Tatacoa o de la Guajira, amarillas, rojizas, grises, para producir galletas de diferentes colores?

ADENDA.- Norberto Serrano Gómez, de broma y de veras me contó que un terrateniente tenía de mayordomo en su hacienda a un hombre cuyos hijos tenían la costumbre de comer tierra; lo despidió porque le estaban achicando la finca.

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