martes 12 de enero de 2010 - 10:00 AM

Temas Urbanos

VIAJEROS.- También es cierto que la contraparte del turismo como renglón activador de la economía, es lo que llaman la nueva invasión de los bárbaros, al punto que vecinos acosados por pérdida de tranquilidad, seguridad y aseo de sus pueblos, forman organizaciones de defensa propia como ya sucede en España.

Que lo digan por estos días habitantes de diferentes municipios santandereanos -Zapatoca, Málaga, Tona-, apacibles vivideros, que llegadas las 'ferias y fiestas' huyen hacia otras localidades para no tener que soportar calles convertidas en inodoros, borrachos a la lata, polarizados con altoparlantes informando a gritos qué música oyen sus dueños, el tradicional parque hecho un muladar con fritangas y tenderetes de rebusque, sin autoridad –falta de alcalde dicen los raizales- que controle reglas del juego a, por ejemplo, emigrados que regresan, bienvenidos siempre, comportándose como si estuviesen en otra cultura, la costeña digámoslo, ruidosa y 'enmaicenada'. Y todo justificado porque 'traen platica'. Esta arista del turismo poco tenida en cuenta, requiere reglamentaciones serias de las autoridades locales, porque es posible que termine en harakiri para el turismo interno, si bien balnearios como Cartagena, Rodadero, Tolú-Coveñas, etc. tampoco se salvan de esta nueva invasión de bárbaros. Con turismo así, salir a descansar es regresar cansado a descansar en el hogar, dulce hogar, así haya panteras y culebras.

Mucho nos falta para que eso que los patriotas de manilla tricolor y mano al pecho cuando suena la gloria inmarcesible llaman 'Colombia potencia turística', deje de ser una exaltación tropical para convertirse en realidad. Sin embargo, del ahogado el sombrero; hacer turismo por vía terrestre, no deja de ser un buen ejercicio sociológico o masoquista, depende, para ver cómo estamos. Conocer restaurantes y baños de miedo, vías buenas para los camiones F6 o F8 que hace 60 años asombraron a los campesinos, estimulándolos a dejar la agricultura para convertirlos en choferes; y ver que, a pesar de tanta información y ruegos sobre deterioro del medio ambiente, las aguas negras o de lavaderos de carros a la vera del camino van directo a las fuentes de agua, sin que nadie diga nada; para no hablar de las quemas de rastrojos, porque el bosque nativo hace rato lo acabaron para hacer potreros y luego quejarse de las sequías inclementes; son observaciones enriquecedoras que confirman lo de 'viajar es vivir dos veces'

ADENDA: Que con Venezuela nos queremos mucho no queda duda; tanto, que nos olvidamos de nuestros graves problemas para estar atentísimos a los suyos.



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