martes 11 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Temas Urbanos

BICENTENARIO.- Repúblicas bananeras, países paradójicos, picarescos, macondianos y ahora de estética traqueta los han llamado, y no es para menos.

Son tantos los despropósitos, que por respuesta social dejamos de sorprendernos, igual que los conductores que ya ni pitan en los trancones porque no sirve para nada. Se acerca la celebración del Bicentenario del grito de Independencia sin discutir, por ahora, si lo sucedido hace 200 años fue independencia política, económica, cultural o sencillamente cambio de amos por reacomodo geopolítico de las fuerzas del mercado, pues con el paso de la fase mercantilista al industrialismo ya no se necesitaban tanto colonias directas sino neocolonias, aunque las continuaron por siglo y medio más en Asia y África.

Pero del ahogado el sombrero; efectivamente hubo valientes subversivos que hoy llamarían terroristas, dispuestos hasta el heroísmo a romper las cadenas, es el lenguaje de la época, con la metrópoli que no era otra cosa que el imperio. Eso es lo que hay por celebrar. Pero como en dos siglos construimos un país de picaresca y paradojas, el principal promotor del Bicentenario no es el gobierno colombiano; al decir de un amigo que tiene por qué saberlo, prefiere enfocar todos sus esfuerzos hacia la celebración de los 200 años de la Batalla de Boyacá, para no elogiar indirectamente los actos de rebeldía política de 1.810 sino el triunfo militar de 1.819, por lo demás presidida entonces por el presidente Uribe aún en el poder, con planes trazados ya.

Quienes andan promoviendo con mayor fuerza el Bicentenario, que es como celebrar una derrota al concepto de imperio, son, increíble, el gobierno español con los reyes a la cabeza y CNN mediante avisos recordando años de sucesivos actos de rebeldía antipeninsular en países latinoamericanos. Y algo más; ahora con mayor razón el gobierno tratará de opacar la efemérides; nunca, desde la creación de la República, había estado Colombia tan dependiente e invadida haciendo de cabeza de playa con siete bases militares extranjeras y sin autoridad moral para celebrar independencias; con un jefe de estado y de gobierno camorrista, pendenciero y sectario, visitando a sus colegas para que defenestren la dignidad nacional, hagan de criados de librea y acepten que el concepto de soberanía es peregrino, cambiante según los intereses del imperio. Con tan mala suerte que, otra vez, le salió por la culata.

ADENDA.- La responsabilidad social empresarial se demuestra con obras como el primer Jardín Infantil del barrio Villa Rosa, promovido por Espumas Santander.  

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